¿Cuáles son los efectos del cambio climático en Colombia?

Abril 07, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Santiago Cruz Hoyos | Reportero de El País
¿Cuáles son los efectos del cambio climático en Colombia?

Ideam hace un llamado a la prevención a las autoridades municipales y departamentales debido a que el fenómeno de 'El Niño' llega a mediados del año.

La temperatura en Colombia ha aumentado 0.6 grados. Los cultivos de café se han perjudicado. Veranos e inviernos serán más intensos. Tras el discurso del cambio climático, sin embargo, se ocultaría un interés político.

El clima, lo dicen todos, está loco. Siempre ha sido imprevisible y cada vez lo es más. En el Casanare se acaba de registrar una sequía que ha matado a 20.000 animales y sin embargo la Ministra de Medio Ambiente cree que “eso es normal, no fue tan grave”. Pero en cuanto al clima, ya nada se puede considerar ‘normal’. En Cali, por ejemplo, se hace difícil determinar con certeza cuándo va a llover, cuándo no y tanto los inviernos como los veranos son más intensos, prolongados. Aquello, asegura el profesor Mario Andrés Gandini, director del Programa de Ingeniería Ambiental de la Universidad Autónoma, está relacionado con el calentamiento global.Gandini, en un proyecto realizado a través de un convenio entre el Dagma y la Universidad, se dio a la tarea de determinar cuál es la huella de carbono de la ciudad. Es decir: medir qué tanto dióxido de carbono o gases de efecto invernadero emitimos – en parte, su acumulación en la atmósfera es lo que está generando el calentamiento de la tierra– y determinó que cada habitante, en promedio, emite dos toneladas de dióxido de carbono al año.Se trata de un valor razonable, dice el profesor, teniendo en cuenta el tamaño de la ciudad, su número de habitantes, su actividad industrial. Comparándonos con otros países podría leerse como un valor menor, aunque eso no es consuelo de nada. En Venezuela, cada persona emite seis toneladas de dióxido de carbono al año y en Estados Unidos, el país que más contamina, 18,7. Sin embargo, lo que se emita allá o en Australia o en Japón o en Irak, en realidad afecta a todo el mundo, afecta a Cali, y las dos toneladas que emite Cali afecta a su vez al resto.En Cali, la principal fuente de emisión de gases de efecto invernadero son los carros en las calles, con un dato inquietante: ninguna ciudad tiene los árboles suficientes para limpiar, la gran cantidad de dióxido de carbono que generan. Cali, por ejemplo, tiene apenas 163.000 árboles y la OMS considera que debe haber uno por cada tres habitantes, es decir que en la ciudad existe un déficit de por lo menos 500.000 árboles.Sentirse orgulloso por el crecimiento económico, el ‘progreso’, quizá en realidad sea sentirse orgulloso de un suicidio colectivo que avanza año a año. El científico Andy Jarvis considera, justamente, que la humanidad debe cambiar sus objetivos, sus ambiciones, empezar a generar lo que él llama una conciencia ambiental. Andy nació en Inglaterra, “el país que se inventó el cambio climático con la revolución industrial”. Lleva 14 años viviendo en Cali y es el líder del programa Decisión y Análisis de Políticas del Centro Internacional de Agricultura Tropical – Ciat - y del programa de Investigación en Cambio Climático, Agricultura y Seguridad Alimentaria. Debido al calentamiento global, explica, la temperatura en Colombia ha aumentado 0,6 grados. Tal vez visto así no es mayor cosa, pero sí que lo es, dice Andy. Cuando queremos huir del calor, buscamos la montaña. Cada que subimos cien metros, la temperatura baja medio grado. Y que la temperatura haya aumentado en el país ese medio grado, implica mucho: que cultivos como el café, que se sembraban desde los 1200 metros sobre el nivel del mar, ahora haya que subirlos 100 o 200 metros más para que tengan la temperatura ideal para sobrevivir a un costo que no todos los caficultores tienen cómo pagar. Francisco José Lourido, presidente de la Sociedad de Agricultores y  Ganaderos del Valle, lo confirma. “Las zonas cafeteras ya no están arrancando desde los 1200, sino desde los 1400 metros sobre el nivel del mar, a no ser que encontremos variedades de café que se adapten a una mayor temperatura. Y pueda que las encontremos, pero enfrentaríamos otro problema: plagas, ácaros e insectos. Hay insectos que a mayor calor, se diseminan más, se tornan más agresivos”, y cita un caso: en la Sabana de Bogotá no existían las garrapatas. Con el aumento de la temperatura, ahora sí las hay. Los campesinos deben comprar venenos para controlarlas y evitar que le transmitan al ganado enfermedades como la anaplasmosis bovina. El cambio climático impacta también el bolsillo de la humanidad. En Santander de Qulichao, Cauca, vuelve Andy Jarvis, existen caficultores que ya cambiaron sus cultivos. Aunque sus abuelos sembraron café siempre, han dicho, la productividad ya no es la misma y de seguir todo como va, los cultivos se tendrán que subir aún más. En este siglo, advierte Andy, Cali podría llegar a tener la temperatura de Buenaventura. Y Popayán, la de Cali. Jarvis mueve la cabeza de un lado a otro y dice que no quiere que sus hijos vivan en un mundo así, hirviendo y al borde del colapso. La relación entre cambio climático y conflictos es estrecha. Las protestas del Medio Oriente, por ejemplo, se deben, sobre todo, a las dictaduras de sus países, pero también al precio elevado de los alimentos.El científico caleño Juan Carlos Borrero Plaza agrega otro detalle: como el cambio climático obligaría a que los cultivos suban de los valles a los bosques, estos se tendrían que destruir, con lo que se agravaría el calentamiento global, que de hecho ya se está agravando por otro asunto: debido a que la capa de ozono está deteriorada, los rayos del sol están calentando demasiado el mar.Así que las algas que están cerca a la superficie y generaban oxígeno, han tenido que bajar, buscar aguas más frías, mutar, dejando de producir oxígeno. Más que los bosques, advierte Borrero, el gran pulmón del mundo es el océano. El científico considera que hay que tener cuidado con las soluciones que se están planteando. “No solo yo, sino que hay muchos otros que se han desmontado de lo que están diciendo que hagamos contra el calentamiento”, dice y enseguida explica: no puede ser posible que una de las soluciones para asegurar la alimentación de la humanidad sean los cultivos transgénicos – plantas modificadas genéticamente – si ese tipo de cultivos, está comprobado, contamina a otros por el uso excesivo de herbicidas que requieren. Los cultivos transgénicos, sigue Borrero, también están poniendo en peligro a las abejas, que cada vez son menos. Como las plantas han sido modificadas genéticamente, las abejas ya no las entienden, no llegan a ellas para polinizar, luego desaparecen. ¿A quién le interesa, entonces, que se aplique el discurso de la supuesta salvación del mundo mediante los cultivos transgénicos? El escritor argentino Martín Caparrós lo escribió en su libro ‘Contra el cambio’: el calentamiento global es cierto, pero también es utilizado como una ventaja política, una manera de los países ricos de retrasar la industrialización de potencias emergentes y así mantener su hegemonía. Los países que durante 100 años han contaminado como han querido, ahora, sin ninguna autoridad moral, están impidiendo que otros lo hagan y esa es una discusión política que debe darse, piensa Caparrós. Lo mismo sucede con las soluciones que están planteando: ¿por qué proponen reemplazar la energía que se genera a partir del carbón y el petróleo con energía nuclear, cuando también es peligrosa? “En una central de energía nuclear, un solo señor, con un botón, controla a 50 millones de personas. Esto le da un poder político muy fuerte. Además es algo muy caro. China o Austria pueden construir sus plantas, pero Bolivia no, con lo cual la brecha con los países pobres se va a seguir ampliando”.Es decir: el calentamiento global es cierto, pero, para muchos, tras él hay un evidente interés político del que también, hay que cuidarse. Vea las impresionantes imágenes de los estragos que ha causado el cambio climático en el mundo.

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