Esta fue la estrategia para arrebatarle niños al conflicto en el Valle y Cauca

Esta fue la estrategia para arrebatarle niños al conflicto en el Valle y Cauca

Septiembre 23, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
Esta fue la estrategia para arrebatarle niños al conflicto en el Valle y Cauca

El proyecto de construcción de paz en los territorios llegó a su fin ayer, luego de implementarse por tres años en el Valle y Cauca. La directora ejecutiva de FES Social, María Lucía Lloreda, presidió la clausura.

Por tres años, la Fundación FES Social se dedicó a cambiar las vidas de niños del Valle y Cauca.

Erradicar la mentalidad del dinero fácil entre los jóvenes no es una tarea sencilla. Menos en estos días en los que las tentaciones están a diez casas de distancia, en lo que solía ser un pastizal en el que jugaban a la pelota y ahora hay plantaciones de coca y marihuana en las que los chicos suelen ver el futuro. La labor no ha sido fácil, pero en la Institución Educativa La Palmera, en zona rural de Caloto, Cauca, el pensamiento de los jóvenes empezó a cambiar desde hace dos años, cuenta la rectora Zorayda Pipicano. Todo comenzó cuando la Fundación FES Social, en alianza con el programa Colombia Responde,  puso sus ojos en ese rincón del Cauca  azotado por la violencia y el narcotráfico para implementar un proyecto enfocado a la construcción de paz.  El plan consistió en robustecer valores entre los más jóvenes, reestructurar manuales de convivencia, promover el emprendimiento y mejorar la oferta de enseñanza de las instituciones educativas, con el fin de fortalecer el tejido social entre comunidades vulnerables.  Víctor Viveros, coordinador del área de Cultura Ciudadana y Convivencia de la Fundación FES Social, indicó que “todo esto aterrizó en una estrategia pedagógica que permitió generar clases dinámicas, convivencia, inclusión, diversidad y, al mismo tiempo, potenció a los ciudadanos a tomar decisiones, como no incurrir en el delito, respetar su cuerpo y promover la construcción de su territorio”. A esta estrategia, comenta Viveros, se sumó el emprendimiento en lo social, con el fin de que empezaran a tener incidencia en políticas públicas; y en unidades productivas, para que se aventuraran a dar sus primeros pasos en la creación de empresa en torno a actividades legales. Es así como asegura Pipicano que cambió la vida de los jóvenes Nasa que reciben clase en su colegio, pues los pocos que llegan al grado once solo esperan graduarse para irse a la ciudad a trabajar descargando cajas en bodegas o raspar  coca en el Naya. La mayoría, comenta, desertan a temprana edad y son presa fácil de grupos armados. “Desde hace dos años a cada joven le entregamos un cerdo que debe engordar y vender al final del año lectivo. Ellos deben sistematizar todo lo que pasa y lo que invierten en el proceso, para conocer estados de cuenta y balances. Una vez lo venden, pueden comprar tres o cuatro más y tienen un plante para iniciar su negocio en porcicultura”, comenta la rectora, quien dice que el programa ayudó a reducir la deserción, pues antes de iniciarlo se graduaban tres estudiantes, pero este año lo harán 12. El próximo, serán 14.  En total, el proyecto también llegó a 606 niños, 265 docentes y 25 directivos de instituciones educativas de  Corinto, Miranda, Santander de Quilichao y Toribío, en el Cauca; y Florida y Pradera en el Valle del Cauca. Fanny Ortiz, rectora de la Institución Educativa Quintín Lame, de Toribío, dijo que el proyecto transformó la forma en la que los estudiantes aprenden a diario, pues se pasó de la autoridad vertical a que los mismos jóvenes propusieran cómo aprender.  “Las clases son más dinámicas y se construye conocimiento entre todos. Por ejemplo, a través de un juego de dados los estudiantes se aprenden más fácil los números que haciendo planas y los profesores pasan a ser pedagogos, que es mucho mejor”, dijo Ortiz. Por su parte, Victoria García, estudiante de grado once de la Institución Educativa San Antonio, de Santander de Quilichao, dijo que los frutos de este proyecto “perdurarán en los compañeros más jóvenes porque ya son conscientes de que la violencia y las drogas no son una opción de vida, sino que el fortalecimiento del territorio es lo que en realidad los va a sacar adelante a ellos y sus familias”.  Para María Lucía Lloreda, directora ejecutiva de la Fundación FES Social, estos cambios en los jóvenes en tiempos en los que se habla de paz “son un aporte para fortalecer las capacidades de personas que pueden irradiar desarrollo local y cambiar  el imaginario que se tiene de las zonas que han vivido el conflicto”.  

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