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En fotos: Muralistas de los Pueblos Mágicos del Valle, esta es la historia detrás del arte que cambió las calles

Todo comenzó con una pared negada una y otra vez. Desde Roldanillo, Cristian García y Lizeth Gómez, junto a Adrián Miranda Loaiza y el impulso institucional de la Gobernación del Valle, terminaron pintando una ruta que hoy conecta municipios.

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El municipio de Roldanillo hace parte de los ‘Pueblos mágicos’ del Valle del Cauca, una de las iniciativas a las que más le está apostando la Gobernación para atraer nuevos visitantes. Este municipio ya cuenta con las obras de embellecimiento de fachadas entre otras mejoras. | Foto: Especial para El País

14 de feb de 2026, 10:12 p. m.

Actualizado el 14 de feb de 2026, 10:12 p. m.

En Roldanillo, el arte no es un lujo ni una postal para turistas. Es parte del paisaje cotidiano, como el sol vertical que cae fuerte al mediodía o el sonido de una moto destartalada que se pierde por las calles.

Ahí, la gente crece viendo cuadros, exposiciones, esculturas y nombres que, en otros municipios, serían tema de libros escolares. Por eso, quizá, no sorprende que en este pueblo pequeño —famoso por el Museo Rayo y su atmósfera cultural— haya encubado una ruta de murales que terminó extendiéndose por varios rincones del Valle del Cauca.

Pero la historia real no empezó con pintura ni con brochas.

Empezó con una frase.

Y con un “no”.

Cristian García, diseñador visual, lo dice casi riéndose, como si todavía no creyera lo que pasó:

“Por culpa de Lizeth que nos volvimos muralistas”.

Lizeth Gómez Rodas, también diseñadora visual, escucha esa frase como quien ya la ha oído muchas veces, pero no la desmiente. En el fondo, es verdad: ella fue la que insistió en que el muralismo era posible, incluso cuando la experiencia de ambos estaba concentrada en el diseño digital, en formatos pequeños, en trabajos hechos desde la pantalla.

Cristian García y Lizeth Gómez Rodas llevaron su experiencia en diseño visual a las calles del Valle del Cauca.
Cristian García y Lizeth Gómez Rodas llevaron su experiencia en diseño visual a las calles del Valle del Cauca. | Foto: Especial para El País

“Yo le dije: hagámosle. No nos podemos quedar con miedo”, recuerda Lizeth.

Hasta entonces, los murales eran algo esporádico, encargos de una escuela o una pared suelta, ejercicios que no exigían la logística ni el vértigo de un gran formato.

Todo cambió cuando la Gobernación del Valle del Cauca abrió una convocatoria para un proyecto que empezaba a sonar con fuerza: Pueblos Mágicos. La idea era clara: intervenir municipios con arte urbano y propuestas gráficas que fortalecieran el turismo y la identidad local.

En un territorio como Roldanillo, donde la cultura es bandera, la Gobernación buscaba que ese trabajo lo hicieran artistas del mismo pueblo.

El mural “Roldanillo, Tierra del Alma” se convirtió en uno de los puntos más fotografiados del municipio.
El mural “Roldanillo, Tierra del Alma” se convirtió en uno de los puntos más fotografiados del municipio. | Foto: Especial para El País

Lizeth lo vio como un reto inevitable. Cristian lo vio como un salto al vacío.

Pero se lanzaron.

El mural que devolvió una frase al corazón de Roldanillo

La propuesta inicial era ambiciosa: intervenir un corredor visible del municipio, una zona que pudiera convertirse en punto de referencia para visitantes y habitantes.

Sin embargo, en el proceso se definió que la intervención se concentraría en tres espacios clave: una pared ubicada en una esquina estratégica, la parte alta del sectorEstanquillo Carlos Muñoz y el frente de la Alcaldía.

Cada intervención artística fue diseñada para convertirse en punto turístico y escenario natural para fotografías.
Cada intervención artística fue diseñada para convertirse en punto turístico y escenario natural para fotografías. | Foto: Especial para El País

Cristian y Lizeth eligieron la esquina. La Carrera 8 con Calle 8.

“En Roldanillo el ocho tiene un significado especial. No es un número que uno diga al azar, es un número que está muy ligado a lo que somos”, explica Cristian.

Lizeth lo complementa desde lo simbólico, como si hablara de algo que el municipio lleva en la piel:

“El ocho aquí representa continuidad, permanencia… como un ciclo que nunca se acaba. Y eso tiene mucho que ver con el arte y con la identidad del pueblo”.

Cristian recuerda que, en el imaginario roldanillense, el 8 ha estado relacionado con el lenguaje visual, con las formas geométricas y con esa tradición artística que se siente en cada esquina.

“Uno siente que el ocho es como un sello. Es infinito, es conexión. Y Roldanillo siempre ha sido eso: un lugar donde el arte conecta a la gente”.

Para ellos, hablar del número 8 es hablar de pertenencia. De una memoria cultural que no se explica solo con palabras, sino con símbolos que se repiten, como si el pueblo los hubiera adoptado desde hace décadas.

“El ocho es como decir Roldanillo sin decirlo. Es una referencia que para nosotros tiene mucho sentido”, concluye Lizeth.

También entendieron que un mural, si está bien ubicado, puede transformarse en un lugar de encuentro: una parada obligada para la fotografía, un punto que termina circulando en redes sociales y, con el tiempo, un símbolo del municipio.

La intervención en Roldanillo marcó el inicio de una ruta de murales que luego se extendió a otros municipios.
La intervención en Roldanillo marcó el inicio de una ruta de murales que luego se extendió a otros municipios. | Foto: Especial para El País

Ahí fue cuando apareció el concepto.

Cristian, amante del lettering —esa mezcla de tipografía y arte manual que convierte una palabra en una pieza visual— propuso una frase que parecía guardada en la memoria de los roldanillenses:

“Roldanillo, Tierra del Alma”, frase del poeta roldanillense Carlos Villafañe.

Era más que un eslogan. Era una identidad que muchos habitantes antiguos seguían pronunciando, aunque el discurso oficial la hubiera reemplazado por el repetido “Roldanillo Pueblo Mágico”.

Recuperar esa frase era, en cierta forma, devolverle al pueblo un espejo.

“Eso era algo que decía la gente mayor. Era un nombre que tenía peso”, explica Cristian.

Lizeth lo dice de otra manera, pero con el mismo fondo:

“Era como recuperar una identidad. Porque hoy todo es ‘Pueblo Mágico’, pero Roldanillo tiene una frase que es suya”.

Y ese espejo se pintó.

Pintar sin experiencia, pero con carácter

La convocatoria se ganó con una propuesta gráfica enviada desde la lógica del diseño: montaje, composición, idea clara. Sin embargo, ganar no significó tranquilidad. Significó miedo.

El proyecto evolucionó hacia Zonas Seguras para Mujeres Invencibles, integrando arte y recuperación del espacio público.
El proyecto evolucionó hacia Zonas Seguras para Mujeres Invencibles, integrando arte y recuperación del espacio público. | Foto: Especial para El País

Cuando les confirmaron que eran los elegidos, Cristian recuerda el momento como un golpe de realidad:

“Nosotros celebramos, pero después nos miramos y fue como: ‘¿y ahora qué vamos a hacer?, ¿cómo lo vamos a hacer?’”.

Porque una cosa era diseñar una idea y otra era ejecutarla sobre una pared enorme, bajo el sol del Valle, con pintura real, escalas reales, errores irreversibles.

Lizeth lo resume sin vueltas:

“Nos tocó aprender en el camino. Fue aprender haciendo”.

La Gobernación, consciente de la dimensión del reto, llevó apoyo técnico y acompañamiento para garantizar la ejecución del mural.

Para Cristian y Lizeth fue un aprendizaje acelerado, una especie de escuela en plena calle. Ellos aportaban concepto, dirección gráfica, letras y sentido identitario; el proceso aportaba técnica y experiencia en gran formato.

Al final, el resultado fue más que una pared pintada.

Fue un símbolo.

Cuando inauguraron el proyecto, la esquina apareció en medios, en fotografías, en recortes y en redes sociales. Cristian incluso conserva una portada del periódico El País donde el mural fue protagonista.

“Yo todavía tengo esa portada guardada. Eso fue muy bonito, porque uno siente que el trabajo trascendió”, dice.

La gente empezó a etiquetarlos todos los días en redes sociales, como si el mural hubiera dejado de pertenecerles para convertirse en un lugar común del municipio.

“A nosotros nos etiquetan todo el tiempo. Uno abre Instagram y ahí está la foto del mural”, cuenta Lizeth.

No era solo arte.

Era un punto de encuentro.

Las letras y frases pintadas en gran formato se volvieron símbolos que hoy identifican a cada territorio.
Las letras y frases pintadas en gran formato se volvieron símbolos que hoy identifican a cada territorio. | Foto: Especial para El País

El mural como puerta: de Pueblos Mágicos a la Ruta del Encanto

Lo que comenzó como un “antojo” se convirtió en un camino. El mural de Roldanillo fue la prueba de que Cristian y Lizeth podían llevar su lenguaje gráfico a los muros sin perder identidad. A partir de ahí, la Gobernación empezó a llamarlos para otros proyectos.

Primero, Costa Rica —corregimiento de Ginebra— con un mural botánico en la Plaza del Duende. El sello se repetía: lettering como protagonista, acompañado de elementos del entorno.

“Ahí entendimos que el mural podía ser un imán para que la gente llegara”, dice Cristian.

Luego, el proyecto creció y se transformó en una estrategia más amplia. Ya no era solo pintar por pintar. Era intervenir con intención.

En ese punto aparece con fuerza un tercer nombre: Adrián Miranda Loaiza, quien hizo parte de la conceptualización del proyecto. Con él, Cristian y Lizeth empezaron a trabajar en un método: llegar al municipio, reunirse con alcaldes, primeras damas, líderes comunitarios; identificar espacios marginados, inseguros u olvidados; y convertirlos en lugares recuperados para la comunidad.

“Con Adrián se empezó a pensar más en el concepto de cada lugar. No era llegar a pintar cualquier cosa”, explica Cristian.

La Gobernación del Valle no estaba financiando únicamente murales. Estaba impulsando una apuesta institucional que entendía el arte como herramienta de transformación.

Así nació un concepto que marcaría el rumbo: Zonas Seguras para Mujeres Invencibles.

Los murales se han convertido en postales vivas del Valle del Cauca, resaltando la identidad y la memoria de cada municipio.
Los murales se han convertido en postales vivas del Valle del Cauca, resaltando la identidad y la memoria de cada municipio. | Foto: Especial para El País

Zonas Seguras para Mujeres Invencibles: cuando el arte se volvió estrategia

El proyecto piloto fue en Roldanillo, en el parque del colegio Belisario Peña. Allí participaron artesanas del municipio, quienes hicieron tejidos que colgaron en árboles y bancas.

Hubo jardinería, recuperación de madera, iluminación, embellecimiento del espacio público. Cristian y Lizeth se encargaron del muralismo dentro de esa intervención integral.

La idea era clara: crear espacios que no solo fueran bonitos, sino seguros. Lugares donde las mujeres pudieran desarrollar unidades de negocio, vender artesanías, comidas, productos locales. Lugares que atrajeran visitantes.

“Eso fue muy bonito porque no era solo el mural. Era transformar el espacio”, cuenta Lizeth.

Adrián Miranda Loaiza hizo parte del componente conceptual que permitió conectar cada mural con la memoria del territorio.
Adrián Miranda Loaiza hizo parte del componente conceptual que permitió conectar cada mural con la memoria del territorio. | Foto: Especial para El País

Cristian insiste en que ese fue un punto de quiebre:

“Ahí entendimos que el muralismo podía ser parte de algo más grande. No era solo pintar, era recuperar el lugar”.

El muralismo dejó de ser una obra aislada y pasó a ser parte de un engranaje mayor.

Con esa lógica, el proyecto se expandió a otros municipios. En El Dovio, por ejemplo, intervinieron el barrio Las Colinas, una zona señalada por muchos como conflictiva.

Allí trabajaron con las señoras de la cuadra, con jardinería en las fachadas, con comunidad.

“Nosotros trabajamos con la gente del barrio. Eso fue clave para que se apropiaran del espacio”, dice Lizeth.

Y pintaron un mural que se volvió icónico: una mujer indígena. Además, Cristian y Lizeth hicieron un lettering que dice “Las Colinas”, una declaración de orgullo para un barrio que antes era nombrado desde el prejuicio.

“La idea era que el barrio tuviera un símbolo, algo que dijera: aquí hay identidad”, explica Cristian.

El Dovio, dicen, terminó convertido en punto turístico.

“Ahora la gente llega y se toma fotos. Eso antes era impensable”, agrega.

Sevilla: un mural de 21 metros y una historia rota por el viento

En Sevilla pintaron tres esquinas. Una de ellas tenía una estructura particular: una pared de aproximadamente 21 metros. Allí hicieron un mural con lettering y la fachada de una casa campesina, en el estilo del Paisaje Cultural Cafetero.

La frase era contundente:

“Sevilla, Balcón del Valle”.

En Sevilla, un mural de gran formato se convirtió en postal turística antes de ser destruido por un ventarrón.
En Sevilla, un mural de gran formato se convirtió en postal turística antes de ser destruido por un ventarrón. | Foto: Especial para El País

Ese sitio funcionaba como mirador para turistas, y la idea era que la intervención se convirtiera en una postal permanente.

“Ese mural era gigante. Era un punto perfecto para la foto, para el turismo”, recuerda Cristian.

Lizeth agrega que incluso pintaron el piso, para que el lugar se sintiera como una experiencia completa.

“No era solo mirar el mural, era estar dentro del mural”, dice.

Pero la historia terminó de manera inesperada. Un tornado destruyó el mural.

“Eso dolió mucho. Uno hace un trabajo enorme y de un momento a otro desaparece”, recuerda Cristian.

La escena es casi simbólica: el arte público, expuesto a la intemperie, también carga con la fragilidad del territorio. Aun así, Sevilla quedó marcada por esa intervención, por la memoria de un mural que se convirtió en postal, aunque el viento lo borrara.

“Lo bonito es que la gente alcanzó a vivirlo, a conocerlo, a tomarse fotos. Quedó en la historia”, dice Lizeth.

El pasaporte del Valle: una idea que convirtió murales en ruta turística

En algún momento, Cristian y Adrián entendieron que no bastaba con embellecer espacios. Había que lograr que la gente fuera. Había que crear un motivo para viajar, para recorrer, para detenerse en pueblos que muchas veces quedan fuera del mapa turístico.

De esa conversación nació una idea simple y poderosa: un pasaporte.

Adrián Miranda Loaiza hizo parte del componente conceptual que permitió conectar cada mural con la memoria del territorio.
Adrián Miranda Loaiza hizo parte del componente conceptual que permitió conectar cada mural con la memoria del territorio. | Foto: Especial para El País

Un librito coleccionable, con espacio para escribir anécdotas, pegar fotos y, sobre todo, acumular sellos. Cristian diseñó sellos representativos para cada municipio y las artesanas los tenían. El visitante llegaba, compraba, sellaba su pasaporte y seguía a otro destino.

“Era como una forma de decirle a la gente: recorra el Valle, conozca su departamento”, explica Cristian.

La idea estaba pensada incluso para los moteros, viajeros que recorren carreteras buscando parches para fotografiarse. El pasaporte obligaba, de alguna manera, a completar la ruta.

“Los moteros aman eso: ir completando paradas, sellar y seguir”, cuenta Lizeth.

Así nació formalmente la Ruta del Encanto.

La Ruta del Encanto incluyó pasaportes turísticos y sellos diseñados para incentivar el recorrido por el Valle.
La Ruta del Encanto incluyó pasaportes turísticos y sellos diseñados para incentivar el recorrido por el Valle. | Foto: Especial para El País

La administración terminó y el proyecto se frenó. Sin embargo, Cristian y Lizeth insisten: vale la pena retomarlo. Porque el Valle del Cauca tiene algo que muchas regiones envidian: todos los climas, pueblos hermosos, rutas que aún no han sido explotadas como deberían.

“El Valle lo tiene todo. Lo que falta es seguir impulsando el turismo interno”, dice Cristian.

Guacarí: un árbol lleno de apellidos y una identidad colgada en el aire

En Guacarí, el concepto giró alrededor del árbol del Guacarí. Diseñaron una estructura metálica como árbol, con ganchos. Las artesanas vendían listones con apellidos típicos del Valle del Cauca. La gente compraba su apellido y lo colgaba como si fuera una hoja.

El resultado fue un árbol lleno de nombres, una especie de árbol de la vida colectivo. Un símbolo de pertenencia construido con participación ciudadana.

“Eso fue increíble porque la gente compraba su apellido y lo colgaba ahí. Era como decir: yo soy de aquí”, cuenta Cristian.

Lizeth lo recuerda como una intervención emocional:

“Era bonito porque la gente se veía reflejada. No era solo arte, era identidad”.

Las obras conectan turismo y cultura, invitando a recorrer el departamento a través del arte urbano.
Las obras conectan turismo y cultura, invitando a recorrer el departamento a través del arte urbano. | Foto: Especial para El País

Con el paso de los días, el árbol se convirtió en un atractivo turístico.

“La gente llegaba y decía: ‘mire, ahí está mi apellido’. Y se tomaban la foto”, recuerda Cristian.

Bugalagrande: el Valle también se cuenta con trenes y memoria

En Bugalagrande encontraron un historiador local que les abrió puertas. Allí conceptualizaron una intervención en la estación del tren: un ferrocarril lleno de maletas, un viajero despidiéndose, un escenario perfecto para la foto turística.

Otros artistas participaron en la ejecución, pero el concepto fue parte del trabajo articulado del equipo.

“Ahí la historia del municipio era clave. Y el tren era un símbolo que había que rescatar”, explica Cristian.

La comunidad lo apropió. La estación se volvió un punto atractivo. El arte funcionó.

“Lo bonito es cuando la gente se apropia. Cuando el mural deja de ser de uno y se vuelve del pueblo”, dice Lizeth.

Roldanillo: identidad, diseño y el orgullo de quedarse

Para Cristian, el trabajo con murales no se desconecta de su obsesión por la identidad gráfica de Roldanillo. Habla de camisetas, posters, souvenirs distintos a los típicos recuerdos repetidos de Colombia.

Habla de “Rolda York”, una frase acuñada por Omar Rayo, desde los años 80, como si el municipio tuviera una doble vida: entre el arte local y la ambición global.

“Roldanillo tiene mucho potencial. Aquí la cultura no es un adorno, es parte de la vida”, dice Cristian.

Colectivo de salsa de Roldanillo Valle
Colectivo de salsa de Roldanillo Valle | Foto: Juan Diego Valencia @jdvephoto / Especial para El País

En Roldanillo, el arte no es una excepción: es casi una herencia. Cristian García lo dice con una frase que suena más a certeza que a metáfora:

“Aquí en Roldanillo, en cada familia hay un artista. Siempre hay un pintor, un músico, un poeta… alguien que está creando”.

Lizeth Gómez asiente y agrega que esa identidad cultural no se impone, sino que se vive desde lo cotidiano, como parte de la crianza y de la memoria del pueblo:

“Uno crece rodeado de eso. Es como natural. Aquí la cultura está en la casa, en la calle, en la conversación”.

Una de las iniciativas para incentivar el turismo es la estrategia Pueblos Mágicos. Gracias a ella, por ejemplo, Roldanillo presenta un crecimiento de más del 50 % de llegada de turistas, respecto al año anterior. | Foto: Bernardo Peña / El País

Para ellos, esa es una de las razones por las que el muralismo no fue una moda pasajera en el municipio, sino una forma lógica de extender lo que Roldanillo ya era: un pueblo donde el arte se siente en la sangre y se reconoce como orgullo colectivo.

“Roldanillo no se inventó el arte para el turismo. Roldanillo siempre ha sido arte”, concluye Cristian.

Lizeth, por su parte, sostiene la misma idea desde otro ángulo: lo hacen por amor al pueblo. No por lucrarse. Lo hacen porque están enamorados de Roldanillo y de su energía creativa.

“Nosotros no lo hicimos por plata. Lo hicimos porque queríamos que el pueblo se viera bonito, que la gente se sintiera orgullosa”, afirma.

Pueblos mágicos del Valle. Roldanillo Valle del Cauca
Pueblos mágicos del Valle. Roldanillo Valle del Cauca | Foto: Wirman Ríos/El País

Esa es quizá la clave de toda la historia: el muralismo nació como un salto arriesgado, creció como un proyecto institucional y terminó convertido en un relato de pertenencia.

Cristian lo resume en una frase que parece una declaración de principios:

“El concepto trasciende la técnica”.

Porque la pared puede ser grande, la pintura puede acabarse, el viento puede tumbar un mural… pero la idea queda.

Y el Valle, al final, se sigue recorriendo así: con letras pintadas, con frases recuperadas, con muros que cuentan lo que los pueblos son.

Pueblos mágicos del Valle. Roldanillo Valle del Cauca
Pueblos mágicos del Valle. Roldanillo Valle del Cauca | Foto: Wirman Ríos

Jefe de la Redacción Web de El País. Especialista en gerencia del talento humano, con formación en marketing digital y producción audiovisual. Profesional en construcción IA-First, enfocado en liderar redacciones, audiencias y productos editoriales sin perder la calle, el contexto ni el criterio periodístico.

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