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El Polideportivo de Sevilla es el albergue que le cambió la vida a los habitantes de calle

Mayo 29, 2020 - 11:55 p. m. Por:
Redacción de El País

En este espacio, a los habitantes de calle se les hacen diariamente actividades lúdicas y deportivas, tales como ejercicios de coordinación con aros y yincanas. También juegan fútbol, baloncesto y montan bicicleta.

Foto: Especial para El País

Desde hace dos meses Fabio Gómez está viviendo en el “paraíso”. Así llama este habitante de calle de 28 años al hogar de paso que fue habilitado en el municipio de Sevilla, en el norte del Valle, para atender a este tipo de personas durante la emergencia del Covid-19.

Allí llegó hace dos meses pesando 45 kilos y consumido, literalmente, por las drogas. Hoy pesa 55 kilos, no ha vuelto a consumir, y su rostro no solo se ve “más rellenito”, sino que refleja la esperanza de un hombre con ganas de vivir y de dejar atrás el mundo de la indigencia, en el que cayó cuando tenía 21 años.

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“Desde que estoy en este lugar me he sentido muy bien porque cuando vivía en la calle estaba llevado por la perdición y las drogas. La gente me miraba y me menospreciaba, pero aquí nos tratan con amor, tenemos comida, dormida y nos sentimos valorados. La verdad es que le pido a mi Diosito que cuando salga de aquí pueda conseguir un trabajito para poder pagar una piecita y organizarme”, dice Fabio.

‘El pastuso’, como le apodan en Sevilla, vive en el albergue con 13 compañeros más, a quienes ha aprendido a querer como una familia. Con ellos charla, juega fútbol, lee, ve televisión y realiza otras actividades diarias que le permiten mantener su mente ocupada y “alejada de los vicios”.

Uno de sus compañeros es Olmedo Certuche, de 57 años, y quien asegura que una de las cosas que más le ha gustado del hogar de paso son los fideos con sardinas, un plato que había comido solo unas “contadas veces” durante los 40 años que llevaba viviendo en la calle.

“Aquí no nos falta nada y el cariño siempre es el mismo con todos. El cambio ha sido muy drástico en comparación a cómo estábamos en la calle y de verdad siento como si hubiera vuelto a nacer. Cuando entré aquí llevaba 15 días sin bañarme y olía maluco, pero ahora permanezco bañadito y limpio porque nos dan desodorante y otros implementos para nuestro aseo personal”, cuenta Olmedo.

Otros, como Margarita Ruiz, de 49 años, expresa que además de sentirse “muy contenta” por el trato que ha recibido en su “nuevo hogar”, le gusta sentirse útil barriéndolo, trapeándolo, limpiándolo y podando las matas que hay en él.

"Ya no tengo necesidad de dormir en los andenes ni de andar preocupada por dónde me voy a bañar o por lo que voy comer. Estoy muy feliz y, la verdad, lo único que extraño son mis cigarrillos. Cuando salga de aquí espero poder seguir reciclando y, algún día, tener una casita para poder vivir en ella”, manifiesta Margarita, a quien le apodan ‘Chava’.

El refugio de la esperanza

El hogar de paso funciona en la Casa del Deporte de Sevilla, un lugar que abrió sus puertas el pasado 13 de marzo para albergar a los habitantes de calle de ese municipio, cuando apenas se habían reportado los primeros casos del coronavirus en el país. La idea, que tardó tres días en materializarse, fue de Jorge Augusto Palacio, el alcalde de esa localidad.

“Al principio me dijeron que era una locura porque la mayoría de estas personas son consumidores de alucinógenos y que eso nos iba a traer muchos problemas, pero la verdad fue que yo no tuve corazón para dejarlas en la calle expuestas a contagiarse del virus. Entonces, por eso decidí habilitar la Casa del Deporte para esta labor social, un que cuenta con canchas y zonas verdes, y donde regularmente los niños hacían procesos de formación deportiva antes de que comenzara la pandemia”, recuerda Palacios.

El hogar de paso empezó a operar con 30 habitantes de calle y en él se habilitó la cocina y se dispusieron cuatro salones para que ellos pudieran dormir.

“Recolectamos una platica y así pudimos comprar colchonetas y tendidos. Además, cuando recogimos a estas personas, las vestimos con ropita limpia y también los atendimos con servicio de peluquería, les cortamos la barba, el cabello... De entrada fue un impacto muy interesante porque se sintieron nuevamente valoradas”, manifiesta el Alcalde de Sevilla.

Agrega que el mantenimiento de este lugar no le cuesta nada al Municipio porque este se sostiene gracias a la solidaridad y a los aportes que hacen los funcionarios públicos y contratistas de la Alcaldía.

“A cada secretaría les asigno un producto para donar, pero no las cantidades del mismo porque esto es una obra voluntaria. Por ejemplo, a las personas de una oficina les digo que me ayuden con panela, a otras con arroz, a otras con aceite y así sucesivamente, mientras que yo trato de asumir siempre lo que son las carnes”, dice el Mandatario.

Y es que a esta noble causa también se han unido los mismos sevillanos, tal es el caso de Marleny Lozano, quien tiene una comercializadora de carne, que le permite aportar cada semana 10 kilos de pollo para la alimentación de los habitantes de calle.

“Desde que era niña siempre he tenido un espíritu de colaboración y, desde que este lugar empezó a funcionar, me comprometí a ayudar a su sostenimiento y por eso siempre saco las mejores carnes para donar porque ellos son personas que se merecen lo mejor”, asegura la mujer.

Una labor de resocialización

Diego Toro, director del Instituto Municipal de Deporte y Recreación de Sevilla, donde funciona la Casa del Deporte, asegura que este lugar se ha convertido en un espacio de resocialización para los habitantes de calle, en el que se les hace acompañamiento psicosocial, se les enseña a leer y también se le hacen actividades lúdicas y deportivas.

“Iniciamos con 30 personas pero ahora solo hay 14. Algunos por la abstinencia del consumo y del hurto decidieron irse voluntariamente, mientras que otros que necesitaban ingresos económicos se fueron a recoger café ya que el Alcalde les consiguió trabajo en fincas de caficultores en los alrededores del Municipio”, comenta Toro.

En el hogar de paso, a sus moradores se les da el desayuno, almuerzo, cena y dos meriendas entre cada comida principal. Además, semanalmente se les entrega un kit de aseo personal con el propósito de que mantengan limpios y bien presentados.

“Ellos también nos ayudan a hacer el aseo en el lugar donde duermen, duchan y hacen sus necesidades. Asimismo, tienen unas labores de limpieza puntuales en la Casa del Deporte y eso los mantiene ocupados”, señala Toro, quien agrega que le “ha cogido tanto amor a estas personas” que su sueño es que de ese lugar por lo menos tres de ellas puedan salir rehabilitadas del consumo de drogas”.

Una meta que también es compartida por el propio alcalde de Sevilla, que tiene otros sueño que está empeñado a hacer realidad:

“Esperamos que no solamente aquí podamos atender a los habitantes de calle por la temporada de pandemia, sino que estamos pensando seriamente en que podamos abrir un centro de rehabilitación en Sevilla. Lógicamente, ahora la situación financiera del municipio es muy difícil porque el tema del recaudo funcionó hasta marzo, sin embargo, estamos buscando alianzas con la Pastoral de la Arquidiócesis y con otras entidades con el propósito de unir esfuerzos y así poderles seguir brindándo atención cuando todo esto acabe”, concluye Jorge Augusto Palacio.

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