Los pies en la tierra

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Los pies en la tierra

Septiembre 22, 2019 - 11:40 p.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

Colombia estará en 2020 en Expo Dubái con un eslogan que suena ambicioso y atrevido: ‘Ritmo que conecta al futuro’. Expo Dubái supera todos los cálculos en cuanto a costos y participación. Quizás lo más parecido, remontándonos al lejano pasado, a lo que fueron las Exposiciones Universales de París en 1900, Bruselas en 1910 y Sevilla en 1929.

Esta cita en Emiratos Árabes corresponde a las que se hacen ahora cada cinco años y sucede a las de Shanghái 2010 y Milán 2015. Ir allí, aparte de entrar en esa vitrina, supone eso, ambición y atrevimiento, sobre todo en estos tiempos de búsqueda de oportunidades en el mundo feroz de las mercados actuales.

¿A qué vamos? Gilberto Salcedo, vicepresidente de Turismo de ProColombia, dice que el principal objetivo será fortalecer la imagen del país, mostrándonos como una nación que evoluciona al ritmo del resto del mundo. A él le deseo, como corresponde a una misión de semejante envergadura, éxitos, pero más le deseo suerte.

Porque, ¿de verdad, evolucionamos al ritmo del resto del mundo? No lo creo. Y no se nota. Comencemos por decir que el mundo de hoy va tan rápido que el 80% de las más grandes conquistas de la historia de la humanidad -hablo de ciencia, tecnología y similares- se han alcanzado en los últimos cuatro años.

En ese mismo tiempo, y mucho más -que corresponde a una sucesión de gobiernos de vienen desde el siglo pasado-, no hemos sido capaces de terminar el túnel de la Línea, mientras la Vía al Llano es un desastre encomendado a las ánimas benditas para que no llueva y la carretera funcione al menos unos ratos al día.

Entonces, más bien, y siguiendo la hoja de ruta de la presencia colombiana en esa feria exposición, está más aterrizado el segundo propósito: apertura y fortalecimiento de mercados de frutas, cafés y similares. Por ahí sí puede ser. Ojalá, con organizaciones campesinas en el ejercicio de la muestra y participación directa del negocio mismo. Es decir, con la menor cantidad de avivatos que hagan de la intermediación el plato fuerte.

Ese mismo renglón, el agrícola, se busca complementar con el turismo. Y por supuesto que vale la pena hacerlo. Lo que es discutible es que se plantea desde “el poder de las regiones”.

¿El poder de las regiones? ¿Cuál poder de las regiones? Si uno le toma el pulso al Pacífico, la Amazonía, la Orinoquía, el Bajo Cauca, el Catatumbo, Chocó (e incluso muchas otras zonas menos alejadas del centro y menos estigmatizadas) llega a la conclusión de que allí hay potencialidad, pero no poder. O poder sí hay, pero en manos de otros que no son exactamente las comunidades. Ahora, que se consiga con el tiempo es otra cosa. Pero hablar de auténtico poder de las regiones es una mentira más del centralismo.

Lo más prudente debería ser bajarnos de esa nube, según la cual andamos a la vanguardia, o casi. Nube en la que también debe estar vagando el temible fantasma mundialista de 2030 que apareció por estos días.

No se trata pues de ir a Dubái a mostrar nuestras miserias, pero sí aquello que, con franqueza, somos y podemos llegar a ser, con los pies en la tierra. Está bien que millones de personas nos puedan tomar el pulso en vivo y en directo. Lo que está mal es que nos sobrevaloremos.

Y aprendamos de quienes sí hacen. Porque mientras nos pasa lo de La Línea y lo del Llano y tantas otras materias aplazadas, en Dubái construyeron en dos años, veo en Portafolio, una línea de metro elevada de 15 kilómetros que moverá 25 mil personas por hora. Dirán que con tanta plata como la que tienen ellos, los amos del petróleo, cualquiera lo haría. ¿Cualquiera?, es probable. ¿Nosotros?, lo dudo mucho. Para la muestra, Bogotá e intermedias. Ah, y La Línea.

Sigue en Twitter @VictorDiusabaR

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