Horror por generaciones

Horror por generaciones

Enero 20, 2019 - 11:40 p.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

Mi abuelo paterno nació en 1896. Vino al mundo en el año de los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna, además en Grecia, y en el mismo 96 en que el hombre inventó los rayos X.

Pero para él su punto de referencia fue siempre otro: “Soy hijo de la Guerra de los Mil Días”, decía. Una guerra que perdería por el carácter liberal de sus padres. Y por otra razón además, las guerras no las gana nadie.

Mi padre nació en 1931, cuando se hizo la primera comunicación telefónica de larga distancia en Colombia. El entonces presidente Enrique Olaya Herrera llamó a Cali al gobernador Salvador Iglesias. Mi papá no lo recuerda. Solo sabe que pasó aquel viernes 9 de abril del 48. Él es hijo de El Bogotazo.

Llegó después la tanda de los 50. Esa que leyó luego a Juan Ramón Jiménez, capaz de decir “Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón”. Y cuando Elvis Presley se tomó el mundo. Pero aquí eran otras las palabras que sonaban en los hogares y en la radio: ‘Pájaros’, ‘bandoleros’, ‘chulavitas’, ‘cuadrilleros’...

Los que aterrizaron en los 70 y 80 aprendieron con Andrés Cepeda y ‘Poligamia’ que se nacía con los vecinos Cuando hablar era un peligro,/ mientras crecían mirando al cielo/ Que ya no parece eterno. Y vieron en televisión cómo “Se tomaron la embajada/ se tomaron el palacio. A la vez que cada uno de ellos tomaba Chocolisto / y escuchaba a Lucho Herrera / coronarse campeón / (...) Y las bombas reventaban/ mientras tanto redactaban / una gran Constitución”.

Tampoco escaparon a esta condena que parece amarrarnos para siempre a la muerte y a la destrucción. Aprendieron pronto que era un magnicidio, y dos, y tres, y cuatro. Y contaron masacres por cientos. Ellos fueron contemporáneos del Holocausto de Palacio. Y lo seguirán siendo por siempre. Todo se borra menos la memoria de la historia.

Los de los 90 fueron recibidos, de la manera más atroz, por un tal Pablo Escobar Gaviria, ese que arrodilló a esta sociedad a punta de terror.
Desde el primer viejo hasta cinco generaciones después (vistas en términos de tiempo), pudimos ser hijos de la Paz. Tampoco los siguientes, que coincidieron con Bojayá, Llorente (Nariño), Buenaventura y la Comuna 13 de Medellín, martirizadas todas, como tantos otros campos, pueblos y ciudades, a punta de bocas hirvientes de fusiles y lenguas de fuego de las Farc, los ‘Paras’, el Eln y descarriados agentes del Estado.
Quería creer que 123 años después de aquel 1896, donde comienza toda esta historia, la más nueva de todas esas generaciones, esa de los niños de este país que apenas empiezan a crecer, iba a tener otros referentes: Caterine, Shakira, Nairo...Y, además, conociera ese primer antídoto contra la violencia que es la convivencia.

No será todavía. Luego de hechos como el criminal atentado del pasado jueves 17 de enero contra la Escuela de Policía General Santander, no será todavía. Y tampoco será todavía mientras siga esta despiadada cacería contra los líderes sociales. Y menos será todavía si no somos capaces de revertir el crecimiento (3,25%) de los homicidios en 2018 (12.458 casos) frente a 2017 (cuando fueron 12.066). Más aún, cuando esos 392 asesinatos de más rompen una tendencia a la baja de los últimos años.

No será todavía, porque los niños de hoy ya son parte también de esta saga que mide sus años no en hojas de calendario, como debería ser, sino en esa línea de tiempo que nos marcan la guerra y la violencia. Así la vivieron los viejos que se fueron y así nos estamos haciendo viejos nosotros y nuestros hijos.

¿Hasta cuándo? Hasta cuando decidamos que ¡basta ya! es ¡BASTA YA!, con la autoridad de la ley y el ramo de olivo, solo para quienes así lo quieran. Eso mismo de lo que siempre ha sabido echar mano la humanidad para encontrar la Paz.

Sigue en Twitter @VictorDiusabaR

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