El otro juego

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El otro juego

Septiembre 15, 2019 - 11:40 p.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

La sanción de la Premier League al futbolista Yerry Mina por servir de imagen a una casa de apuestas en Colombia tuvo registro en nuestros medios de comunicación, pero pasó casi de puntillas a la hora de ver un poco más allá de la noticia escueta.

Y es que hechos como ese y otros, por ejemplo los problemas fiscales de Radamel Falcao García en España y los líos judiciales suscitados por presuntas relaciones non sanctas de Mauricio ‘Chicho’ Serna en Argentina, representan más que situaciones aisladas. Por lo tanto, necesitan de miradas más amplias.

No se trata, por supuesto, de hacer leña del árbol caído o de regodearse con el dolor ajeno. Vean como lo de Falcao servirá a jugadores que sigan su camino para tomarse con cuidado un tema tan delicado como el fiscal (y el fisco español sí que es cosa seria, que lo digan él y muchas más figuras del deporte y de la farándula), para no terminar en tribunales y contra las cuerdas. Sobre lo de Serna, que cada uno saque sus propias conclusiones.

Por lo tanto, pretender ‘blindarlos’ para salvar su imagen o cerrar filas en defensa del deporte no es lo más aconsejable. Sobre esto último, me sorprendió hace poco que un colega utilizará el término “industria” para defender la cuestionable causa de que la ropa sucia del fútbol se debe lavar en casa.

Era la Copa América y Lionel Messi denunció lo que consideraba como parcialidad de la Conmebol para llevar a Brasil al título, en perjuicio de Argentina. Palabras más, palabras menos, el comunicador dijo que Messi debía guardar silencio porque su actitud afectaba “nuestra industria". ¿A cuál “industria” se refería?, ¿al negocio?, ¿es este nuestro negocio?

Dejémoslo ahí. Porque el tema que en realidad debería importar es el de fondo con que abro esta columna, la influencia del mundo de las apuestas sobre el fútbol.

Ya sabemos que Yerry aceptó que se equivocó y pagó una multa que no olvidará. Son diez mil libras esterlinas (alrededor de unos 42 millones de pesos colombianos). Gracias a ese arrepentimiento hay una buena noticia: esa plata irá a parar ahora a los niños de la fundación que en buena hora el propio Mina patrocina e impulsa y que lleva su nombre.

Lo que pasó con Yerry pudo ocurrir por desconocimiento, pero ya se sabe que eso mismo no sirve de atenuante cuando se viola la ley o, en este caso, las normas de la Premier League, de las más estrictas en el mundo del balón.

Normas y penas que no son resultado de un súbito ataque de moralismo británico, sino consecuencia de haberle visto las orejas al lobo de las apuestas. Es así como (veo en diferentes portales) Bradley Wood, jugador de un equipo de cuarta división se hizo sacar ‘de manera deliberada’ dos amarillas en un mismo partido (ya se sabe que hoy se puede apostar a saques de banda, tiros de esquina, expulsiones y otras cosas). Por su conducta, Bradley fue condenado a seis años de inactividad y al pago de una multa. Y al célebre Daniel Sturridge tampoco le fue bien cuando le pidió a un hermano que apostara a cuál club iría una vez él se marchara del Liverpool.

La pregunta es: ahora que las apuestas legales llegaron para quedarse en Colombia, ¿cómo se va a garantizar que una actividad cada vez más millonaria como lo es el fútbol no termine tentada a caer en deslices por parte de algunos protagonistas de ese espectáculo?

Los ingleses, y otros, nos pueden dar algunas pistas. Porque el desafío es grande. A la vista, la masiva publicidad en horarios de audiencia infantil a cargo de exfutbolistas y otros allegados al balón, convertidos en promotores, incluso a costa de su propio ridículo.

Señores, no sobra prevenir para que un juego, el de apostadores sin escrúpulos, entre a buscar ganarle a otro juego, el del fútbol como debe ser, transparente.

Sigue en Twitter @VictorDiusabaR

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