Envejecer

Octubre 03, 2022 - 11:45 p. m. 2022-10-03 Por: Vanessa De La Torre Sanclemente

David Manzur tiene 92 años, una memoria implacable, un sentido del humor impecable y un talento absoluto.

Acaba de donar para la gala del Mambo -con la cual la organización del museo recauda lo básico que se requiere para su funcionamiento- el diseño de una de sus obras que Corona magistralmente convirtió en vajilla.

¡Qué hermosa es! Pero yo no venía a hablarles de la vajilla, que es preciosa, ni de la gala del museo que es ejemplar, si no de Manzur, sus años y su genialidad.

Venía a hablarles de la vejez, del paso del tiempo; de ese temor que todos tenemos a las arrugas y las canas y de la dicha de tener cerca a aquellos que afrontan con su grandeza el paso del tiempo.

Mi lista es larga. En mis afectos más profundos hay muchas canas pero, también, muchas ganas. Muchas vivencias, historias, carcajadas, vinos, claro; años marcados por pocas críticas, nulas sentencias e infinitos deseos.

El paso del tiempo es implacable y puede ser una pesadumbre, la carga inevitable pero, también, la magia inigualable de la experiencia.

Vuelvo al maestro Manzur: 92 años y mil historias. Me contó relatos del también genial Alejandro Obregón que llegaba a su casa para no salir hasta el amanecer. Sus conversaciones deliciosas, sus rones con coca cola.

Me contó de la seriedad de Édgar Negret; del carisma de Grau, de las conversas fascinantes de Gloria Zea y Marta Traba.

De toda esa generación de gigantes que marcó la historia del arte de mediados del Siglo XX en Colombia que, por consiguiente, contó la historia reciente de nuestro país.

Qué lujo y qué honor escuchar a Manzur. Y a todos ellos y ellas que con sus lecciones llenas de arrugas y encanto nos narran nuestra vida, la de aquellos, la del país, la que somos y seremos.

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Posdata: Y bravo a mi amiga Adriana Arboleda con su Vístete de Colombia tan lleno de significado.

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