Opinión: armas y pedagogía

Febrero 25, 2016 - 12:00 a. m. 2016-02-25 Por:
Eduardo Álvarez Vanegas | Coordinador del área de dinámicas del conflicto y negociaciones de paz de la Fundación Ideas para la Paz.
Opinión: armas y pedagogía

Lo de Conejo no solo se trató de pedagogía sino de un acto político a la colombiana.

Más allá del escándalo y la indignación, la presencia de ‘Iván Márquez’, ‘Jesús Santich’ y ‘Joaquín Gómez  en Conejo, corregimiento del municipio de Fonseca, La Guajira, para “socializar” cómo va el proceso con el Bloque Martín Caballero y sus cinco frentes, 59, 41, 19, 35 y 37, fue una postal de lo será “deshabanizar” el proceso. Este hecho nos deja varias inquietudes. 

La primera, si las Farc buscarán en sus territorios de influencia histórica arar el terreno para “socializar” los acuerdos y, de paso, hacer que su propuesta de la Asamblea Nacional Constituyente tome impulso.

Precisamente, lo de Conejo no solamente se trató de hacer pedagogía, es decir, de enseñar y educar a sus tropas acerca del proceso de La Habana, sino también de un acto político clásico a la colombiana: auditorio, discurso y armas.

Ya nadie recuerda que esta ha sido la forma de hacer política en un país en guerra, porque no solo del verbo surgen los apoyos. También del fusil.

La diferencia es que los fusiles de las Farc no pondrán el 35 % del Congreso, como otros sí lo hicieron hace diez años, y que lo que se están jugando es su tránsito a movimiento político. Otra cosa es la bofetada de realismo político que recibimos el viernes pasado: sin acuerdo, las armas seguirán a discreción, y el Gobierno no puede aspirar a controlarlo todo.

Es más, las imágenes y los videos que han circulado de integrantes de las Farc armados, rodeando a sus comandantes, generaron un fuerte debate acerca de si así será la cotidianidad en las zonas de concentración.

Cabe es preguntarse por los mecanismos de seguridad internos que deberán disponerse –los externos estarán a cargo del Estado colombiano–, más aún cuando estas zonas se diseñan para la dejación de armas y su destrucción, la desmovilización, y la implementación de las primeras medidas de estabilización.

Ahora bien, hay quienes argumentan que lo de Conejo fue la viva imagen de los Terrepaz disfrazada de zona de concentración, porque lo que buscarán será mantener el contacto con poblaciones en territorios que en muchas regiones de Colombia se estructuraron con la guerra, la cual a su vez moldeó las identidades y a la misma sociedad.

De ahí que también se plantee que las zonas de concentración estén alejadas de la población civil, bajo criterios razonables de seguridad, operativos y logísticos, y no se alarguen en el tiempo.

Lo que no se puede volver repetir –y me resisto a creer que esto fue una simple indelicadeza– es que las autoridades locales y departamentales no supieran que este acto se iba a llevar a cabo. Me lo resume un ciudadano de Fonseca: “Ahí es donde La Habana choca con Colombia”. Las armas, pues, fueron lo de menos.

 

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