Columnista
Trump latinoamericano
Donald Trump está obsesionado con América Latina, pero no se ve una estrategia clara para hacer la tarea a fondo.
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7 de mar de 2026, 01:37 p. m.
Actualizado el 7 de mar de 2026, 01:37 p. m.
América Latina vuelve a estar de moda en Estados Unidos, algo que es tanto pesadilla como oportunidad. Nadie duda del interés de Trump en recuperar el continente como su patio de atrás. El presidente del ‘America First’ desde sus primeros días se ha ocupado de temas regionales. Empezó en casa, ordenando violentas redadas de latinos en las ciudades americanas. Poco después, llegaron las peleas arancelarias como castigos comerciales a los gobiernos desobedientes. Luego empezaron los ataques marítimos a lanchas cargadas de droga, que luego abrieron las puertas para la acción más teatral, como fue la captura de Nicolás Maduro en una operación audaz y efectiva.
El mensaje quedó claro: Washington volvía a mirar hacia el sur. Esa fue la primera ola, la del músculo, el espectáculo y la advertencia, y de la incursión en Venezuela, donde por ahora quedan solo negocios de petróleo y minerales para EE.UU. y nada de elecciones ni señal de democracia. Una tarea a medias y el presidente americano cambia de tercio.
La segunda ola se centra en un collar de gobiernos de derecha que empezaron a instalarse en la región, muchos con el apoyo de los Estados Unidos. A los presidentes amigos como Bukele, Noboa y Milei se unen los nuevos mandatarios de Bolivia, Honduras y Chile, entre otros. Son estos los que llegan esta semana a Mar-a-Lago con sus mejores intenciones, un encuentro lleno de selfies y promesas de inversión y apoyo a cambio de seguridad hemisférica. Es una cumbre sin México y Brasil, países grandes con líderes escépticos. Sin Nicaragua por obvias razones y sin Cuba, el viejo objetivo del secretario de Estado Marco Rubio, aunque la isla vuelve a ocupar un lugar central en la estrategia regional de Washington. Colombia, mientras tanto, no juega en ninguno de los dos bandos; irrelevante después de décadas de ser el aliado confiable. Lo cierto es que en esta invitación de Trump a su palacio floridano se cocina el futuro de la diplomacia hemisférica.
La tercera ola nos espera tras décadas quejándonos de ser ignorados por Washington. Donald Trump está obsesionado con América Latina, pero no se ve una estrategia clara para hacer la tarea a fondo. La agenda es complicada: terminar el enredo que armaron en Venezuela e identificar la estrategia con Cuba más allá de los sueños de Rubio. Debe alinear a los países amigos con un plan efectivo y lidiar con Lula y Sheinbaum. En medio de esta coreografía también hay oportunidades. Los más astutos de la región intentarán aprovechar el momento para atraer inversiones, negociar infraestructura, ampliar mercados y recibir recursos y apoyo para acabar con la inseguridad.
Tal vez realmente quiera acabar con el narcotráfico, promover la democracia y hasta proteger la Amazonía. Lo que está claro es que lo que más le seduce al gobierno de Estados Unidos es una intención estratégica por la geología del continente, como el litio, el petróleo, el gas natural y los minerales raros. Pero, como siempre, para Washington lo tentador es recuperar un patio trasero donde exhibir su músculo geopolítico.

Caleña. Graduada del Colegio Bolívar. Politóloga de Trinity College con Maestría en Estudios Latinoamericanos de Georgetown. Analista política y asesora para América Latina de Albright Stonebridge Group. Trabajó en Proexport en Bogotá y en la Cámara de Comercio de Cali. Fue subdirectora de la Oficina Comercial de Washington y jefe de prensa de la Embajada de Colombia en Washington.
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