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Tres escenarios

La reconstrucción del país con apoyo del Gobierno estadounidense, aliados internacionales y el sector privado aparece como un objetivo inevitable, pero todavía distante y gaseoso.

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Muni Jensen
Muni Jensen | Foto: El País

11 de ene de 2026, 12:52 a. m.

Actualizado el 11 de ene de 2026, 12:52 a. m.

La única realidad es la incertidumbre frente al futuro de Venezuela, la relación entre Estados Unidos, Venezuela y, en general, América Latina ha entrado en una fase de cambio profundo y acelerado. En Venezuela, la captura y encarcelamiento en Nueva York de Nicolás Maduro ha generado un sentimiento difícil, donde predomina la alegría, pero es una alegría contenida y prudente. Tras décadas de años de expectativas frustradas, la población celebra el fin de una era, pero lo hace con cautela. La liberación de presos políticos en las últimas horas ha reforzado esa sensación de esperanza, aunque nadie ignora que el camino hacia la normalidad será largo y complejo. El chavismo como proyecto hegemónico ha sido quebrado; ese es el primer paso. Lo que aún no está claro es cómo se construye lo que viene después.

Mientras las calles venezolanas celebran, los mercados internacionales reaccionan con nerviosismo. La inesperada transición hacia otra figura del chavismo, Delcy Rodríguez, coronada por los Estados Unidos por encima de María Corina Machado, creó sorpresa y preocupación.

Al mismo tiempo, Washington parece decidido a mantener un control estrecho sobre el Gobierno y sector petrolero venezolano, mientras se habla, sin plazos claros, de eventuales elecciones. La reconstrucción del país con apoyo del Gobierno estadounidense, aliados internacionales y el sector privado aparece como un objetivo inevitable, pero todavía distante y gaseoso.

El desafío es monumental. Venezuela enfrenta la tarea de reconstruir el Estado prácticamente desde cero: instituciones democráticas debilitadas, un aparato militar politizado, un sistema educativo deteriorado, una economía colapsada y una infraestructura energética en estado crítico. A esto se suman los riesgos estructurales de corrupción y la presencia de redes criminales internacionales.

A medio plazo lo que queda en el tablero son preguntas: ¿Quién gobierna realmente? ¿Cuánto tiempo estará Estados Unidos “encargado” del país? ¿Con qué respaldo interno y externo?

De esta tensión surgen tres escenarios posibles. El primero es una apertura inconclusa, dibujada por una puñada de americanos mediante acuerdos con pillos oportunistas, y con énfasis en el petróleo antes de la democracia. Este camino sin fin puede ofrecer cierta estabilidad inmediata, pero es frágil y difícil de sostener en el tiempo.

El segundo escenario es una transición negociada, con un acuerdo político limitado, la redistribución del poder entre actores clave del Estado, el sector de seguridad y las redes económicas, y el anuncio de elecciones que incluyan a la oposición. Es el escenario más deseable, pero también el más difícil de ejecutar una gobernanza clara y transparente. Este camino exige disciplina interna, liberar a todos los prisioneros políticos y renovar las fuerzas.

El tercero, y más preocupante, es la fragmentación: luchas internas, actores armados desorganizados y una industria petrolera paralizada. Este escenario alimentaría una nueva ola migratoria, aumentaría la volatilidad regional y elevaría el riesgo para cualquier actor económico. El mayor riesgo de caer en este camino es que pasen las semanas y meses sin un plan de acción.

Nada de esto se queda dentro de las fronteras venezolanas. Colombia es el primer receptor del impacto, tanto por migración como por seguridad y política interna, mensajes cruzados entre mandatarios, y en general un momento especialmente sensible por el calendario electoral. México observa con cautela, calibrando su relación con Washington en un contexto de comercio y seguridad. Cuba, por su parte, depende directamente de cómo se redefina el flujo energético desde Venezuela, y de la intención de Marco Rubio, un tema que tiene implicaciones tanto personales como políticas dentro de la agenda estadounidense.

Por primera vez en décadas, América Latina vuelve a ser un escenario central de la política internacional. ¿Es una oportunidad o un riesgo? El tiempo y los vientos geopolíticos darán la respuesta.

Caleña. Graduada del Colegio Bolívar. Politóloga de Trinity College con Maestría en Estudios Latinoamericanos de Georgetown. Analista política y asesora para América Latina de Albright Stonebridge Group. Trabajó en Proexport en Bogotá y en la Cámara de Comercio de Cali. Fue subdirectora de la Oficina Comercial de Washington y jefe de prensa de la Embajada de Colombia en Washington.

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