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Tiempos oscuros

Si en las ciudades las cosas no marchan bien, lo que se está viviendo en las zonas rurales es muy grave

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Ricardo Villaveces
Ricardo Villaveces | Foto: El País

1 de jul de 2023, 02:46 a. m.

Actualizado el 1 de jul de 2023, 02:46 a. m.

Todo se olvida y una gran parte de los caleños y vallecaucanos, menores de 40 años, no son conscientes de los importantes avances que se lograron en los últimos 20 años en materia de seguridad. Esa ciudad atemorizada por la guerra entre los carteles, esa región cercada por diferentes grupos guerrilleros y paramilitares ubicados en las dos cordilleras que secuestraban masivamente, chantajeaban y creaban condiciones para sentirse en un territorio ocupado por fuerzas violentas se había empezado a dejar atrás. Pues bien, esos avances se están perdiendo.

En las ciudades la inseguridad urbana crece todos los días. El caso de Cali no es solo de inseguridad, sino de pérdida de las normas mínimas de convivencia. Si bien hay muchos factores que pueden explicarlo, la inacción de la Alcaldía, su tolerancia frente al vandalismo y la violencia registrada en medio de protestas y una incapacidad para liderar una situación tan compleja juegan un papel destacado

Si en las ciudades las cosas no marchan bien, lo que se está viviendo en las zonas rurales es muy grave.

La acción violenta que realizó un grupo armado, presumiblemente disidencia de las Farc, contra un equipo de Asocaña, que iba a celebrar la siembra del árbol un millón en la cordillera central arriba de Palmira, no solo merece todo el rechazo, sino que es una voz de alarma para tomar conciencia que los avances que se habían logrado en seguridad en esa región van en completo retroceso.

Ni se diga lo que ocurre al sur del departamento y en el norte del Cauca, donde no solo circulan todo tipo de delincuentes y su presencia llega a las goteras de Cali, como ocurre en algunas partes de Jamundí.

Hacia la cordillera central, las invasiones de tierras, que al comienzo de este gobierno se habían frenado y había esperanzas de que, con el discurso de los diálogos, se pudieran encontrar soluciones razonables, hoy muestran estancamiento.

No solo se han producido nuevas invasiones, sino que los ataques violentos y las amenazas convierten la ocupación cotidiana en una actividad de alto riesgo para quienes laboran en esas zonas.

El gobierno ha comprado tierras, los ingenios han ofrecido recursos para adelantar proyectos productivos y, al parecer, todo se queda en discusiones y más discusiones, además de presiones de uno y otro lado para hacerse a unas tierras que deberían estar permitiendo un retorno a unas condiciones de tranquilidad para la zona.

No parece realista esperar que un gobierno tan ideologizado y convencido que solo con voluntarismo y discursos se solucionan las cosas vaya a dar las soluciones que se requieren, pero no se puede ser ajenos a los problemas. Hay que entender que si no se encuentran caminos de convivencia y se frenan estos actos violentos el problema se va a extender a toda la región.

Por ello es tan importante que los alcaldes y los gobernadores que se elijan sean los mejores, para que ayuden a lograr del gobierno el respaldo que se necesita y evitar así el regreso a esos tiempos oscuros de los años 90.

Ingeniero industrial, Presidente de Asocaña por casi veinte años, consultor privado y miembro de múltiples juntas directivas en los sectores financiero, industrial, energético, servicios, educativo y de investigación. Escribe para El País hace más de veinte años.

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