Paisaje, café y libro

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Paisaje, café y libro

Octubre 08, 2019 - 11:40 p.m. Por: Santiago Gamboa

Hace poco escribía sobre el modo en que las ferias del libro y los festivales literarios están ocupando, poco a poco, todo el territorio nacional, un entusiasmo en torno al mundo de la lectura que, sin duda, tiene qué ver con los enormes esfuerzos que el Ministerio de Cultura y la Cámara Colombiana del Libro vienen haciendo desde hace poco menos de diez años y que arrojó como buen resultado, entre otras, que la lectura anual per cápita haya subido de 1,9 a 4,5 libros.

Sé que esta semana comienza la Feria del Libro de Cali, pero quisiera referirme antes a la que acaba de concluir el fin de semana pasado en Pereira, la Feria del Libro Paisaje, Café y Libro, dirigida por una especie de quijote perdido entre los cafetales de su región, que es el poeta Giovanny Gómez. Y quiero destacarla porque la conozco bien, desde sus inicios hace cinco años, y puedo dar fe del modo increíble en que ha crecido.

Si al principio se hacía en los salones de la sede de la Cámara de Comercio de Pereira, que eran muy decorosos pero pequeños, desde este año se trasladó a un recinto ferial mucho más grande, en la zona de la vía a Cerrito, con lo cual todo se multiplicó. Supongo que al principio habría ciertas dudas sobre la afluencia de público hasta un lugar relativamente alejado del centro de la ciudad, pero el éxito de esta edición de la Feria fue justamente que, al hacerla de un modo más ambicioso, el público respondió de forma masiva.

Público formado y muy selectivo, debo decir, lo que habla muy bien de la Universidad Tecnológica de Pereira y sus carreras de humanidades, en especial la de Literatura, claro, pero también las otras, pues si algo me alegró fue ver a multitud de jóvenes estudiantes pasando de una sala a otra y llenando los aforos, incluso cuando había cuatro eventos simultáneos y con salas de al menos doscientas sillas.

No creo exagerar si digo que Paisaje, Café y Libro se consolidará como la mayor feria del libro del Eje Cafetero, pues también vi a muchos lectores que habían venido de Armenia y de Manizales. Una de esas personas, por cierto, fue la periodista y hoy librera Claudia Morales, propietaria de la librería Árbol de Libros, en Armenia, y que acompañó a los escritores en todos los eventos.

La verdad es que la cercanía de esas tres ciudades es un enorme valor para una feria que, además, ofreció no sólo a los mejores escritores nacionales con sus libros más recientes, sino un buen grupo de prestigiosos autores internacionales, caso de los españoles Javier Moro y José Manuel Fajardo, el argentino Eduardo Sacheri o el mexicano Guillermo Arriaga.

Entre los locales, Héctor Abad Faciolince dio una conferencia sobre Borges, Piedad Bonnet presentó su última novela Donde nadie me espere, William Ospina habló sobre Guacanayal, ese libro que es una memoria de su familia, Sergio Cabrera habló de la relación entre el cine y la literatura, Vladdo expuso a Aleida y dio algunas de las claves de su oficio, lo mismo que el periodista Mauricio Silva, autor de un reciente libro sobre Joe Arroyo. Muchos eventos, incluida una gala de poesía que estuvo a reventar de público.

Una extraordinaria feria, en suma, que seguirá creciendo y, es de esperar, irá expandiéndose hacia lugares claves del Eje Cafetero para descentralizarse y, al mismo tiempo, valorizar su paisaje, uno de los más imponentes del país.

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