La cuadra

La cuadra

Septiembre 21, 2016 - 12:00 a.m. Por: Santiago Gamboa

Una de las cosas que Colombia comparte hoy con México, además del narcotráfico y los problemas de violencia derivados, es la literatura que describe ese peculiar mundo: su galería de personajes, las vidas de quienes forman parte de él, desde los más poderosos hasta los pistoleros rasos. En México el novelista más destacado es Élmer Mendoza, célebre autor de Balas de plata y otros títulos. Pero al hablar de ese particular género en Colombia siempre se menciona dos obras muy conocidas: La virgen de los sicarios, de Fernando Vallejo, y Rosario Tijeras, de Jorge Franco, a las que se viene a sumar No nacimos pa’ semilla, de Alonso Salazar.Pero cuando se creía que todo estaba dicho y que el tema se había agotado, al menos en Colombia, aparece La cuadra, de Gílmer Mesa, y reabre el expediente de un modo asombroso. Como dijo el crítico Mario Jursich, “La cuadra nos ofrece el ángulo que faltaba, que es la visión desde adentro”. La mirada de un sobreviviente de esas temibles bandas de jóvenes que asolaron Medellín a fines de los ochenta y principios de los noventa, porque su autor, Gílmer Mesa, fue en esos años un joven aspirante a bandolero que a los catorce ya había empuñado armas de fuego y caminaba pisando fuerte, hasta que llegó la gran tragedia de su vida, el asesinato de su hermano mayor, Alquívar, de diecisiete años, pandillero ya graduado. Y ahí ocurre algo y es que la muerte del admirado hermano, paradójicamente, permite la salvación de quien lo sobrevive, el joven Gílmer, quien lleno de dolor decide alejarse de las bandas y orientar su vida hacia el estudio, la literatura y la música. “Las letras de las canciones fue la primera literatura de los que llegamos tarde a los libros”, dice Gílmer.Y en efecto, La cuadra es un testimonio, en primer lugar, pero también una novela, pues está escrita con las armas de la novela: un punto de vista de primera persona muy sólido, una división de capítulos que gira cada vez en torno a un personaje o a un hecho que emerge del capítulo anterior, dándole una gran solvencia narrativa. Hay algo importante y es que el libro no se agota en la narración de los hechos, sino que los utiliza para reflexionar sobre la fragilidad del hombre y los muchos problemas de una sociedad enferma como la nuestra. Todo a la luz de los amigos de la cuadra, que se protegen y escuchan y quieren, así a veces tengan que matarse cuando llega una orden, para seguir adelante.Por eso sería insuficiente considerar La cuadra un mero testimonio desde el interior del infierno, que también lo es, o como una novela de jóvenes sicarios, que también es, porque de lo que se trata es de una poderosa obra que nos habla con gran sabiduría de la condición humana, del amor y de la maldad y de nosotros mismos ante ese amor y esa maldad. De las vidas fugaces de quienes intentaron ser felices, contra toda esperanza, en un ecosistema hostil y precario en el que sólo la lealtad de los amigos de la cuadra era capaz de ofrecer una redención. Por eso el personaje dice: “A veces pienso y más que nada siento que también debería haber muerto en esa época con mi gente, en tierna edad y aún con ternura en el alma, al menos así estaría con los míos y no en este mundo de espectros”.Sigue en Facebook Santiago Gamboa - club de lectores

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