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Historia de un deicidio

Mayo 26, 2021 - 11:55 p. m. 2021-05-26 Por: Santiago Gamboa

En medio de estos dramáticos días, con un Gobierno que, cada vez más, parece vivir en un mundo de fantasía, un ‘Wonderland’ sin relación con la realidad, llega al fin a librerías una joya que está por cumplir 50 años, pero que, a pesar de su valor y éxito fulgurante, fue rápidamente vetado por su propio autor. Se trata de “Historia de un deicidio”, de Mario Vargas Llosa, posiblemente el mejor estudio sobre la vida y la obra de Gabriel García Márquez (la obra hasta ese momento, claro está), del que Barral Editores, de Barcelona, alcanzó a tirar dos ediciones en noviembre y diciembre de 1971.

El éxito de este libro de 664 páginas en su versión original fue impresionante, y no podía ser menos: era un estudio sobre el autor que el mundo entero idolatraba y leía a raudales por esos días, escrito por uno de los novelistas más respetados y aclamados de América Latina, el joven Vargas Llosa (en ese momento tenía apenas 35 años). Un libro de Vargas Llosa sobre García Márquez siendo ambos líderes del boom latinoamericano, y con sillón fijo en la comandancia de la literatura mundial, era un hecho bastante insólito. Un canto a la amistad y a la admiración, una prueba de afecto y generosidad extremas. Como si Portos escribiera un libro sobre Aramís. Y al internarse en sus páginas, el lector sentía (siente) una suerte de simbiosis entre los universos literarios de ambos: la obra y la vida de García Márquez con el orden mental y la claridad de Vargas Llosa. Una perfecta y rara obra de arte. Y tal vez por su perfección fue que los dioses, envidiosos, decidieron vengarse, y por una serie de asuntos personales la amistad acabó abruptamente y Vargas Llosa decidió detener las reimpresiones y vetar definitivamente el libro.

Cuando llegué a estudiar a Madrid, en 1985, ya sabía de su existencia. Pude verlo por primera vez, bastante descuadernado, en la biblioteca general de la Universidad Complutense, e hice una fotocopia. Y empecé a soñar con un ejemplar, sueño imposible, y recorrí librerías de viejo de toda España, pero nada. Ni el menor rastro. En la cafetería de la facultad había un portugués que vendía libros de segunda y una vez, por no dejar, le pregunté por “Historia de un deicidio”. “Ah, lo he visto en la Librería Universitaria de Lisboa, pero yo no lo tengo”. Le pedí confirmación de lo que decía y dijo: “Ahí lo vi”. ¿Hace poco, hace mucho? “Unos meses”.

La sangre empezó a correr con fuerza. Hice cálculos económicos y, el viernes siguiente, tomé un tren nocturno a Lisboa. Fue mi primer viaje a esa ciudad, pero yo iba con una misión. Busqué la Librería Universitaria en una guía telefónica y cuando llegué estaba cerrada. Abría por las tardes. Di vueltas en círculo, imaginé lo peor. Cuando abrieron pregunté por la sección de lengua española y me indicaron una sala. Entré sigiloso, no había más clientes. Busqué en el orden alfabético y no lo encontré, pues estaba ordenado por editoriales. Y fue entonces que lo vi: “Historia de un deicidio”, Mario Vargas Llosa. Barral Editores, 1971. ¡En perfecto estado! Caí de rodillas. Lo agarré como un náufrago agarraría la cuerda de un buque salvador.

De eso hace ya 35 años y ahora, mientras escribo esto, acaricio el lomo de esa vieja edición que me ha acompañado por varios continentes. Porque los libros no son de uno. Es uno quien le pertenece a aquellos libros que ama y que nos han dado sentido.
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