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El prestigio de la mentira

Octubre 14, 2020 - 11:55 p. m. Por: Santiago Gamboa

Es increíble cómo la mentira ha adquirido un enorme prestigio en la vida de hoy, en todas las áreas de la vida política y ciudadana. Por esto recomiendo leer (o releer) El impostor, una novela de Javier Cercas sobre un pintoresco español que realizó una de las más laboriosas tareas que uno pueda imaginar: inventarse una mentira monumental y sostenerla durante décadas, debatirla en foros y estrados nacionales e internacionales y, como si fuera poco, vivir de ella hasta hacer una suplantación completa de la realidad, convirtiéndola en un trabajo cotidiano, ejercido con las armas con que suelen contar los grandes mentirosos: una extraordinaria labia, un carisma potente, una capacidad desmedida y sobrehumana para seducir, capturar y manipular a los demás, algo que sólo puede ser posible en personas extremadamente vanidosas y egocéntricas, pero ocultos bajo una máscara que puede ser de bondad o altruismo, como en el caso de Enric Marco, el personaje de Cercas que es, a la vez, una persona real.

Las reflexiones de Cercas sobre Marco, que convenció a todo el mundo de ser nada menos que un sobreviviente del Holocausto, es decir, alguien que mintió sobre el crimen más horrendo de la era moderna, lo llevan a concluir que “las grandes mentiras se amasan con pequeñas verdades”, y todo el tiempo Cercas se pregunta, al igual que el lector, si el propósito de su libro no será clavarle la última banderilla, arrancar y ofrecer su oreja al público, o si más bien se trata de salvarlo, definiéndolo como un hombre del montón, una metáfora de la España de la postguerra en la que una gran cantidad de españoles, sobre todo los que perdieron, debieron reconstruir la narrativa de su vida.

La relación de la mentira con la literatura ha sido ya muy teorizada, pero lo que sigue siendo fascinante es el mecanismo de la mentira en la propia vida. Yo mismo, por ser un niño de clase media en un colegio extranjero en el que todos eran ricos, opté en algún momento por nivelarme inventando que mis papás eran dueños de un restaurante elegante de Bogotá (¡un increíble disparate que no sé cómo pude sostener!), y asimismo, durante mi adolescencia, mentí sobre mi edad para hacerme mayor, hasta que fui desenmascarado por mi propio hermano, que no le veía a la cosa ninguna gravedad, pero yo casi salto a las ruedas de un bus que pasaba.

También, a lo largo de la vida, he sido amigo de grandes mentirosos que, como Marco, no le hacían daño a nadie con sus mentiras, pero que tampoco eran inocentes, pues la mentira les servía para trepar en sus trabajos o, en el caso de un colega, para vender más libros y construirse una biografía de héroe latinoamericano a la medida de los estereotipos europeos. La mentira ha salvado a muchos y a otros nos ha dado un clavo de donde agarrarnos, pero da vértigo leer cómo Enric Marco, cuya mentira es como la catedral primada de las mentiras, logró mantenerse tanto tiempo y sobre todo llegar tan alto. También produce horror su caída, cuando incurre en esa hybris o desmesura que, según Aristóteles, ronda el destino del héroe cuando siente que su vuelo es seguro y ve de lejos a los demás. Por eso el de Cercas es un libro actual y aleccionador, y un espejo en llamas, pues en esa marabunta de mentiras que van saliendo a la luz, capa por capa, encontramos un retrato casi literal de estos años difíciles.

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