Hay que hacer la paz

Febrero 23, 2016 - 12:00 a. m. 2016-02-23 Por: Ramiro Andrade Terán

Lo han afirmado experto de todas las tendencias: el acuerdo de paz es irreversible. Sobre ese supuesto, silenciados los fusiles, el problema es sembrar la paz, hacerla realidad; superar los gigantescos problemas que deja -como herencia funesta- la guerra de más de cincuenta años, que puso en riesgo el Estado democrático y las instituciones. Tarea nada fácil que exige habilidad política, manejo adecuado de miles de reintegrados a la sociedad, presupuesto de billones para atender el astronómico costo de la pacificación, y una decidida voluntad de perdonar el daño causado por el perverso enfrentamiento.A los desmovilizados no se les puede dejar mirando la luna de Valencia, excluidos de la sociedad: muchos de ellos en situación crítica y sin nada que hacer. Eso no solo sería imperdonable error. Constituiría invitación tentadora, a sumarse a las bandas criminales (Bacrim) que proliferan en la nación. Ese es el problema más grande, más costoso, de los muchos que nos dejará la fatídica herencia. No se trata solo del silencio a las armas. Es asegurar que cualquier posibilidad de guerra no pueda repetirse. El reintegrado tiene obligaciones que cumplir. La fundamental: mantenerse en la línea contraria a la que vivió en la contienda. Colombia no está sola en esta segunda etapa. Que estamos a punto de transitar: la paz. Que, como la mayoría de compatriotas esperan, tendría que incluir a otras organizaciones. Dejar cabos sueltos en una búsqueda de paz integral –como es aspiración de los colombianos– es peligroso y perturbador. Asentar la concordia y hacerla duradera es el gran “propósito nacional” que no hemos tenido. En esa noble empresa el país cuenta con la mayoritaria solidaridad de los compatriotas. Con la excepción de un sector político contrario que perderá crédito por su inexplicable actitud. No solo existe ese apoyo nacional. Estados Unidos se ha comprometido en esa tarea indispensable. Lo propio ha ocurrido con la Unión Europea que anunció su ayuda –básica– para recuperar la nación perturbada por decenas de años de una violencia estúpida. China, Japón y otros países asiáticos -al igual que Rusia- trabajan en ese mismo sentido. No hay disculpa que valga: el gobierno de Santos tiene ayuda local e internacional para que el Presidente cumpla con el propósito de acabar el interminable conflicto.

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