Cambio drástico o catástrofe
El triunfo de la oposición en Venezuela ha sido una victoria que...
Siga a EL PAÍS en Google Discover y no se pierda las últimas noticias

15 de dic de 2015, 12:00 a. m.
Actualizado el 21 de may de 2023, 03:18 a. m.
El triunfo de la oposición en Venezuela ha sido una victoria que dejó a Maduro con menos de la mitad de los miembros del Congreso; y a la oposición con los 112 parlamentarios que le permite quitar y poner Rey en la agitada escena política del vecino. Maduro no solo fue derrotado: fue -literal- aplastado por millones de venezolanos que le notificaron algo claro: había perdido autoridad para gobernar.Fue destituido -en la práctica- por el porrazo de la potente fuerza opositora a su mañoso gobierno. Y el efecto de la corrupción, el patético problema de la escasez de productos de la canasta familiar; una inflación que pasa del 200 por ciento; la crisis de la escasa productividad de la nación; sus astronómicas deudas internacionales, el creciente desempleo; la inseguridad que reina en Caracas y otras ciudades. Unido al creciente descontento de la sociedad por el patético cuadro de crisis social. En una nación -vaya paradoja- que tiene las reservas más altas de petróleo del mundo. Lo ocurrido es fracaso del chavismo en 16 años de gobierno; pésima administración y ausencia de liderazgo de un país al garete. Que tanto necesita una dirección firme y solución urgente a sus magnos problemas. En esta, la final del pantano chavista, el manejo de la nación por una camarilla inepta y voraz, fue aún más funesto. Apareció un personaje menudo de la política: el presidente Maduro. Un ciudadano de pocos alcances, con escasa capacidad para gobernar un país tan complejo. Personaje obstinado y belicoso, es el menos indicado en esta hora crítica de una nación tan importante para Colombia. Su presencia en el gobierno fue duro golpe al chavismo y hora final de un movimiento que gobernó por décadas, con escasa fortuna.Dar solución tendrá que ser a fondo, sin duda, para resolver el oscuro panorama y tiene que incluir la salida de Maduro. A quien le queda una actitud que evitaría enfrentamiento violento: abandonar la presidencia. ¿Lo haría? Pienso que no. Es hombre obstinado, apasionado por el poder y rodeado de camarilla ambiciosa y sectaria que no quiere ceder el mando. Eso crea una situación en extremo conflictiva: si Maduro no se va por las buenas, lo sacarán por las malas. Venezuela necesita una operación de alta cirugía política a corto plazo, si no quiere exponerse a un trauma institucional de funestas consecuencias y episodios mayores de violencia impredecible.

Periodista. Trabajó 26 años en Caracol, también escribió para los diarios La República y El País. Fue Representante a la Cámara, Senador, Embajador en Bélgica, España, Naciones Unidas. Presidente de la Cámara de Representantes, presidente de la Comisión de Asuntos Internacionales de la Cámara, presidente Comisión de Asuntos Económicos de la Cámara, vicepresidente del Senado, miembro de la Comisión Asesora de Relaciones de la Presidencia y presidente del Parlamento Latinoamericano.
6024455000