Angelino, el candidato
A los gobiernos ha de reelegírselos por sus obras. Y excepto en...
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2 de oct de 2011, 12:00 a. m.
Actualizado el 18 de abr de 2023, 05:35 p. m.
A los gobiernos ha de reelegírselos por sus obras. Y excepto en lo legislativo, donde sin duda hay nuevas y relevantes leyes, este gobierno está empantanado. A pesar del esfuerzo de la evidente intención de apretar el acelerador, patina y patina y tiene enormes dificultades para avanzar. ¿La prueba? Está a la vista o, mejor, lo está precisamente porque las realizaciones aun no se dejan ver. Si hubiera duda quedaría resuelta al ver los porcentajes de ejecución presupuestal, tan bajos que deberían prender todas las alarmas.Además, a apenas catorce meses de haber empezado, la discusión sobre la reelección del Presidente es prematura. Distrae al gobierno de sus tareas, confunde las prioridades, contribuye a envanecer al Presidente, a marearlo con cantos de sirena. Con todo, el director del partido Liberal puso el tema sobre la mesa. Curioso que haya sido Pardo, porque ha sido él junto con Juan Fernando Cristo, quien más ha trabajado por la candidatura del Ministro del Interior. La ecuación tiene sentido: Vargas Lleras pone sus parlamentarios al servicio del liberalismo a cambio de su postulación. En un partido que no tiene líderes nacionales de relevancia (la candidatura del propio Pardo fue un rotundo fracaso y Serpa, a los ojos ciudadanos, aun aparece muy ligado al Presidente del 8.000), Vargas tiene mucho atractivo. A su vez, el Liberalismo le entrega al Ministro la infraestructura partidista que Cambio no tiene. Todos ganan. El problema es que sus aspiraciones se atraviesan con las del Jefe de Gobierno.Avisado, Pardo ha puesto en el congelador la candidatura de Vargas y ha salido presuroso a auspiciar la del Presidente. Contra Santos nadie puede. O casi nadie. Porque al Presidente le ha salido competencia de sus propias entrañas. Angelino Garzón está dando pasos de animal grande. Casó una pelea con Santos y, a decir verdad, la ganó. Primero, porque electos en la misma fórmula, la discusión sobre el origen de su votación es inútil. Incluso me atrevería a decir que el grueso de esos votos, en realidad, no es de ninguno de los dos, sino de Uribe, pero ahora eso es irrelevante. Y Garzón siempre podrá alegar que contribuyó con unos votantes de centro izquierda que nunca hubieran recalado en el Presidente. Segundo, porque Santos no tiene ninguna herramienta de presión frente a Angelino. No puede despedirlo, ni sacarlo del Gobierno, ni obligarlo a callar. Seguirá siendo Vicepresidente y podrá opinar cuando se le antoje, aunque el gobierno se vea fracturado y el Presidente se enoje. Tercero, porque lo que dice Angelino es popular. ¿Qué Angelino trabaja en su campaña? Sin duda. También lo hace Vargas Lleras y no veo quejas. ¿Qué su discurso es populista? También, pero como estrategia puede funcionar muy bien.El Gobierno, a pesar de sus discurso de prosperidad democrática, ha dejado el espacio social al descubierto. No tiene discurso para los pobres y los programas existentes tienen la marca de Uribe. Con el Polo en los rines y Petro concentrado en Bogotá, Angelino tiene todo el espectro del centro a la izquierda abierto para él. En la medida en que los desafíos de seguridad vayan resolviéndose y las Farc pierdan capacidad de intimidación, el discurso social tendrá cada día más adeptos. Y Angelino más posibilidades para su candidatura. Si quieren atajarlo, la única opción es que Santos repita sin Angelino en la fórmula. Con cuatro años en el asfalto quizás Garzón sea menos atractivo.

Abogado socioeconomista, especializado en derecho constitucional e internacional y derechos humanos. Fue viceministro de Justicia.
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