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Emilio Sardi

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Racionamiento

Hace 30 años la junta de Emcali arbitró los recursos para que se adelantara su estudio en conjunto con la CVC. Es hora de hacerlo. Lo demás es paja.

17 de abril de 2024 Por: Emilio Sardi

Han pasado décadas desde que esa fea palabra ensombrecíera el territorio nacional. Del racionamiento de entonces, que era eléctrico, estaremos exentos hasta dentro de un par de años, cuando volverá porque la demanda excederá la capacidad de generación, gracias al torpe plan de expansión eléctrica del gobierno Duque. Hoy nos ocupa el racionamiento de agua en nuestra rica y poderosa capital.

Quizás si se hubiera llevado a cabo el proyecto Chingaza II, previsto desde 1997, este racionamiento no se hubiera presentado. Pero no se trata aquí de juzgar si la decisión de suspender ese proyecto, hace doce años, fue procedente. Se trata es de destacar que, desde entonces, tres gobiernos distritales no tomaron medida alguna para prever y evitar la contingencia que hoy vive Bogotá. Tanto el crecimiento de la ciudad como el periódico retorno de El Niño eran absolutamente previsibles. Bogotá no sufre hoy racionamiento de agua por culpa del clima o de los elementos, sino por la desidia e improvidencia de quienes la gobernaron durante los últimos doce años.

Algo similar puede acaecer en Cali, aunque su panorama de largo plazo no es tan grave, ya que el grueso de sus necesidades se surte del río Cauca, cuyo caudal es inexhaustible desde el punto de vista de su demanda. Pero en Cali cada rato se afecta el servicio de las plantas abastecidas por el Cauca. Si llueve, porque éste viene sucio, y si no llueve, porque su contaminación hace inviable su potabilización.

Son varias las soluciones para abastecerse del Cauca. En primer término, es urgente trasladar la bocatoma de las plantas al sur de la desembocadura del canal CVC Sur, que a menos de un kilómetro aguas arriba de la bocatoma actual, descarga en el Cauca la mitad de las aguas negras de la ciudad y los lixiviados del basuro de Navarro. En segundo término, es recomendable seguir adelante con el proyecto de tomar agua del río Timba, al sur de los afluentes que enturbian al Cauca, y llevarla a una planta de tratamiento ubicada en el sur de la ciudad, para abastecer directamente ese vasto sector, polo hoy del crecimiento de la ciudad.

En cuanto a la planta de San Antonio, que se abastece con las aguas del río Cali, se debe seguir adelante con el proyecto de trasvasar aguas de la vertiente del Pacífico a la cuenca del Cali. Al otro lado de los Farallones, fluyen los ríos Digua y Anchicayá, y es viable tomar 8 o 10 metros cúbicos por segundo de esa cuenca, sin afectar su ecología, y transportarlos a esta vertiente de la cordillera, a través de un túnel en la cota 1640. Con este caudal, se generaría energía en una hidroeléctrica a filo de agua, se ampliaría a San Antonio y se cedería agua a los ríos Cañaveralejo, Meléndez y Lili. Este proyecto añade agua totalmente nueva a esta vertiente, genera ingresos que lo hacen autofinanciable y revitalizaría nuestros ríos. Hace 30 años la junta de Emcali arbitró los recursos para que se adelantara su estudio en conjunto con la CVC. Es hora de hacerlo. Lo demás es paja.

Cali debe ocuparse seriamente del futuro de sus aguas, o seguirá los pasos de Bogotá.

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Con Manolo Lago, Jaime Sáenz formó Lago y Sáenz, emblemática firma caleña de gran importancia en la arquitectura del Cali de la segunda mitad del siglo pasado. Además de gran profesional, fue Jaime un hombre sencillo, recto, generoso y, sobre todo, pleno de alegría de vivir. Sus amigos nunca lo olvidaremos.

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