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José Félix Escobar

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Por qué Milei

Pero es que la Argentina de 2023 vive una crisis permanente, con increíbles índices de inflación de tres dígitos, una pobreza cercana al 40 % y una deuda internacional enorme e impaga...

27 de noviembre de 2023 Por: José Félix Escobar

Como a muchos, al autor de esta columna tampoco le gusta el personaje. Javier Milei es un irregular de la política, a la cual llegó tarde y por la vía de la popularidad en los medios audiovisuales. Harto ha sufrido Estados Unidos con el camino paralelo que siguió Donald Trump y cuyos resultados de división interna y falta de responsabilidad exterior son evidentes.

Quien se lanza a la actividad pública no puede evitar que biógrafos y cronistas escudriñen su pasado. Se ha venido a saber que Milei tuvo una infancia y adolescencia difíciles, porque sus gustos intelectuales no coincidían con las simples aspiraciones de su padre, un conductor de bus. El refugio de Javier fue su hermana Karina, quien lo protegía hasta de las golpizas que el padre propinaba a su hijo.

Ya hecho economista, Milei se acercó a la doctrina austríaca de Hayek, sobre todo a través de la evidente influencia que en Milei ha ejercido el economista español Jesús Huerta de Soto, autoproclamado el gran libertario. Poco a poco, como se ve, se fue formando la estructura de pensamiento que expresó Javier Milei en las últimas elecciones argentinas.

En otras circunstancias de tiempo, modo y lugar, Javier Milei hubiera pasado por ser un excéntrico más. Pero es que la Argentina de 2023 vive una crisis permanente, con increíbles índices de inflación de tres dígitos, una pobreza cercana al 40 % y una deuda internacional enorme e impaga. La gente, principalmente los jóvenes, se aferraron a este disruptor como una salida desesperada.

La última etapa del peronismo ha sido llamada kirchnerismo, pues a partir del arribo al poder de Néstor Kirchner en 2003 se fue consolidando una dirigencia que mezcla el populismo, asistencialismo y practica una descarada política estatista. Lo que Milei denomina “casta”, aficionada también a los negociados y apropiación de los dineros públicos.

Los resultados de tan torpes políticas son evidentes: mientras en el vecino Chile, por cada persona que produce hay una que no lo hace (niños, ancianos, pensionados, etc.), en Argentina la relación es de uno a dos, es decir, por cada argentino que crea riqueza hay dos que viven a cuestas de la población activa. Esta falta de productividad en uno de los países más ricos del mundo es un pecado mortal.

Pero las propuestas de Milei deben entenderse más como producto de la exasperación que como resultado de un análisis sereno. Dolarizar una economía tan compleja como la argentina es un propósito cuando menos de mediano plazo. Ello implicará impartir un frenazo a las políticas asistencialistas que hoy imperan en Argentina, dejando en la calle a miles de subsidiados y detentadores de los apoyos estatales.

‘Dinamitar’ el Banco Central es una exageración para la tribuna. Tan solo una docena de países (pequeños islotes, principados y reinos de escasa área) operan hoy sin la regulación económica que imparte un banco central. Milei ha confundido el objeto de su crítica, pues lo reprobable es la emisión desenfrenada que los políticos kirchneristas impusieron con el fin de tener satisfecha a la clientela. Pero que Argentina requiere orden económico es indudable.

Lo sucedido en Argentina en las últimas elecciones es un severo llamado de atención para los que en otras latitudes como la nuestra juegan al gasto desenfrenado y al estatismo en apariencia inocuo.

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