El anarquismo redivivo

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El anarquismo redivivo

Julio 17, 2013 - 12:00 a.m. Por: Philip Potdevin

A mediados del siglo diecinueve, el filósofo francés Proudhon decía: “Ser gobernado es ser observado, inspeccionado, espiado, dirigido, sometido a la ley, regulado, escriturado, adoctrinado, sermoneado, verificado, estimado, clasificado según tamaño, censurado y ordenado por seres que no poseen los títulos, el conocimiento ni las virtudes apropiadas para ello. Ser gobernado significa, con motivo de cada operación, transacción o movimiento, ser anotado, registrado, contado, tasado, estampillado, medido, numerado, evaluado, autorizado, negado, autorizado, endosado, amonestado, prevenido, reformado, reajustado y corregido”.Proudhon es el padre del anarquismo, el movimiento que floreció entre mediados del diecinueve y la primera mitad del siglo veinte, que enfrentó incluso a los más ortodoxos socialistas y comunistas para rechazar todo tipo de gobierno que limitase la libertad absoluta del individuo.Lo que viene acontecimiento con personajes como Assange y Snowden que han filtrado información de la conducta non sancta que realizan los gobiernos y los grandes emporios económicos es una actualización de esa protesta del individuo contra el estado omnisciente y vigilante. La frase de George Orwell en su novela profética 1984, escrita en 1948 ‘el gran hermano te vigila”, no es nueva frente a lo expresado por Proudhon un siglo atrás.Snowden, en su entrevista a The Guardian el pasado junio, afirmó que no podía “en conciencia, permitir al gobierno de su país destruir la privacidad, la libertad en internet y las libertades básicas de la gente de todo el mundo con esta gigantesca máquina de vigilancia que están construyendo en secreto. No quiero vivir en una sociedad que hace este tipo de cosas… No quiero vivir en un mundo donde se registra todo lo que hago y digo. Es algo que no estoy dispuesto a apoyar o admitir”.Y por ello recurrió a lo que el anarquismo denomina “la propaganda por el hecho”, es decir a acciones de mucha visibilidad; pero en lugar de poner una bomba o asesinar a un personaje acudió a una forma más sutil, efectiva y nociva: revelar información que daña la reputación de los gobiernos, las naciones, y sus gobernantes.La reacción de la opinión pública de su país es desconcertante: en lugar de estar indignada de comprobar lo que antes sospechaba, que sus correos, cuentas de redes sociales, mensajes de texto, chats, y la navegación por los motores de búsqueda son cuidadosamente monitoreados, registrados, filtrados y clasificados, ha juzgado que lo hecho por Snowden pone en peligro la seguridad de su país y poco pareciera importarle la defensa de su propia privacidad.Mientras el círculo contra Snowden se cierra, y ningún país se atreve a conceder el asilo a alguien tan problemático, el malestar queda flotando. ¿Dónde está lo más preciado: en la libertad del individuo y el derecho a su privacidad o el supuesto derecho de los estados para violar esa intimidad con el fin de defender su seguridad nacional?

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