Síndrome del impostor

Agosto 21, 2022 - 11:45 p. m. 2022-08-21 Por: Paola Guevara

Podría definirse como esa suerte de voz interior que advierte que no se es del todo merecedor de una gran fama o un gran aprecio social. Y el temor, correspondiente, a ser desenmascarado.

En El Síndrome del Impostor la psicóloga Sandi Mann, celebrada pluma de The Huffington Post, lo describe como un mal de nuestra sociedad hípercompetitiva, donde 7 de cada 10 personas que llamaríamos "exitosas" ha sentido esa incapacidad para reconocer o internalizar sus propios méritos.

Grandes novelas se han escrito sobre el asunto. Una de ellas se titula Basada en Hechos Reales, de la francesa Delphine De Vigan. En la obra, una escritora desarrolla un terror irracional a escribir. El pánico le impide garabatear, incluso, una lista del supermercado o una postal de vacaciones.

La razón del bloqueo creativo es el éxito de su primera novela, cuyo brillo no cree poder repetir. ¿Y si todo fue un golpe de suerte? ¿Y si se descubre que, en realidad, no era tan talentosa? No solo el fracaso o la duda conducen al Síndrome del Impostor sino, también, un gran éxito inesperado.

Quienes tienen talento creador, lidian con el Síndrome del Impostor de diversas maneras. Algunos poetas dejan salir a la luz uno o dos grandes versos por década, solo cuando sienten que están listos y presentables. Serán sus hijos y nietos quienes, ya muerto el autor, hurgarán en sus archivos para extraer lo que quede de aquella gloria a cuentagotas.

Me contaba hace años la editora de una gran casa literaria, que quienes más solían aplazar las fechas de entrega eran las novelistas, pues sentían que su obra nunca estaba acabada.

Mientas que -narraba con gracia- conoció autores que entraron a escribir un viernes en la mañana y el lunes en la noche emergieron con un libro que consideraban la gran revelación de los dioses.

Algo de Síndrome del Impostor podría ser señal de honestidad intelectual, pero en alta dosis podría aniquilar cualquier empresa por exceso de pudor, por exceso de desconfianza en sí mismo, por exceso de interés en el qué dirán.

Muchos, sin descomunal talento, han adelantado grandes gestas a fuerza de empeño, valor, persistencia. Otros, dotados con genial inteligencia, han guardado sus talentos bajo tierra por considerar que no estaban a la altura de sus grandes ídolos.

Como lo demuestra De Vigan, el mejor antídoto contra el Síndrome del Impostor es usar el miedo como materia prima: palpar el límite de las propias coyunturas, sentir la elongación del músculo.

Y trabajar, con miedo, pánico o temblores, pero trabajar. Recordar que quienes siembran en otros dudas y terror, se basan en sus propios límites; o en el fondo desean que el otro falle de la peor forma posible: sin haberlo intentarlo.

Sigue en Twitter @PGPaolaGuevara

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