Seguro lo compro

Seguro lo compro

Septiembre 15, 2014 - 12:00 a.m. Por: Paola Guevara

Me llamaron esta semana para ofrecerme un seguro contra divorcio. Y no es broma. Me explicaron amablemente que por módicos $7.000 mensuales, si mi matrimonio se va por la borda, no tendré que pagar las cuotas de mi tarjeta de crédito durante tres meses, siempre y cuando (aquí viene la letra menuda) el valor de la cuota mensual no supere los $500.000.Otra ‘protección’ más, para el mercado femenino, que se suma al que cubre el valor de la bolsa de cosméticos en caso de robo de cartera, al del cerrajero que me abra la puerta si pierdo la llave, al del chofer que me despinche la llanta, al del carpintero a domicilio que me cuelgue los cuadros cuando no pueda hacerlo por mí misma, como la frágil mujer sin martillo y sin gato hidráulico que las aseguradoras creen que soy. Tal vez el seguro contra divorcio no lo necesite aún (sepan, queridos lectores, que confirmé este dato con mi marido antes de caer en imprecisiones en esta columna), pero me quedé pensando en la lista de seguros que sí necesito y que nadie me ha ofrecido, y que compraré de inmediato en cuanto una aseguradora astuta y visionaria me llame. Un seguro contra robo de impuestos. Para que cada vez que un gobernante, contratista o funcionario de turno vacíe las arcas de nuestras ciudades y departamentos me sea reembolsado el dinero que pagué al Estado por concepto de IVA, Retefuente, Valorización, Predial, Renta y Patrimonio. Que me ampare, si mis impuestos terminan en Suiza y las Bahamas y no convertidos en carreteras, escuelas y hospitales en Colombia. Compraré un seguro anti trancón (con cobertura especial en Bogotá), que ofrezca rescate en helicóptero y traslado inmediato al lugar de las citas que –a partir de ahora- dejaré de incumplir. Y un seguro contra voto perdido, que me indemnice cuando el político por quien voté se cambie de bando y de ideología (entendiendo, por supuesto, que no habría cobertura en caso de tornados, huracanes, meteoritos y Roys Barreras).Otras líneas de negocio pueden ser interesantes, como el seguro de fuga, que cubra los desastres causados por las fugas de gas, las fugas de funcionarios y las fugas de información de las bases de datos. Y otro seguro anti falso testimonio, ya que esta práctica se enquistó en la justicia colombiana hasta el punto en que la Fiscalía adelanta 3.000 investigaciones. Contribuyan ustedes, gentiles lectores, a enriquecer estas propuestas con sus seguros soñados, tal vez los encargados del diseño de nuevos servicios lean estas líneas y nos hagan más fácil la tarea de vivir en Colombia. Seguro que sí.

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