Los días del rayo
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Los días
del rayo

Mayo 16, 2021 - 11:45 p. m. 2021-05-16 Por: Paola Guevara

Un graffiti reciente, en una pared de Cali, dice “el pacifismo es complicidad”. La frase impacta, y se repite de otra manera en chats, redes, videos, fotos, voces familiares y de extraños, pero el fondo es el mismo.

Varias generaciones, de muy distintos sectores e intereses, sienten ahora mismo que la violencia (la de las armas y la pasivo agresiva) está justificada y, por supuesto, que les asiste la razón para romantizarla, promoverla, causarla, alentarla, según el sesgo ideológico de cada quien.
Son tantos los sectores involucrados en esta crisis, tan radicalmente distinto su plan de país; tan antiguas y hondas las heridas, tan remendadas y mil veces abiertas las humillaciones y exclusiones, o tan enquistada la fe en la justicia por propia mano, que muchos se decantan por un sentido de la venganza justiciera.

Releo por estos días a la filósofa Martha Nussbaum, quien advierte que solo los ciudadanos que reconozcan sus propias emociones y comprendan cómo funcionan los mecanismos que activan el odio, la ira, la venganza, el asco, el miedo, serán menos manipulables frente a aquellas fuerzas que intenten agitar esas emociones para obtener réditos políticos y conducirnos, bajo el clamor de nuestras propias emociones alteradas, a entregarles nuestro aval, nuestra vocería, nuestro voto.

Dice Nussbaum que “el castigo puede concebirse desde un punto de vista vengativo, como una forma de devolver el golpe por lo que ya ha ocurrido. Esa es la actitud que estoy criticando aquí y que causa un gran daño social, pues nos lleva a aplicar una desagradable estrategia de acumulación de sufrimiento, como si así se compensaran realmente los daños de la ofensa o el crimen”.

Estos han sido los días del rayo, del ruido, del estallido. Y el rayo ha sacado a la luz el racismo que estaba allí latente, disimulado; el desprecio y la desconfianza entre clases sociales; se ha abierto el sepulcro y ha dejado ver las costumbres blanqueadas del narcotráfico y el paramilitarismo; se ha abierto el pozo séptico de tanta injusticia social y corrupción estatal, y hemos visto a los excluidos de frente, incómodos, imposibles de evadir.

El problema de pensar que la “acumulación del sufrimiento” legitima la violencia, es que se sabe por dónde se entra a nuevas espirales de destrucción, pero no sabemos cuánto tardaremos en salir de sus caminos, o a qué costo. Colombia ya tiene suficientes maestrías de sangre, como para entrar a otra más, una de la que quizá no haya retorno.
Sigue en Twitter @PGPaolaGuevara

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