Leer para no odiar

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Leer para no odiar

Diciembre 01, 2019 - 11:45 p. m. Por: Paola Guevara

En estos días de asomarse a la cloaca de las redes sociales y recibir un disparo de odio entre letra y ceja. En estos días de asomarse al balcón del conjunto residencial y recibir un disparo del buen vecino, armado hasta los dientes de paranoia.

En estos días de tanto oír a oportunistas líderes de ultraderecha clamar por más armas para los ciudadanos “indefensos”, a líderes de izquierda clamar por más protagonismo incendiario y a líderes de centro clamar por más suero y píldoras para su indigestión de tibieza.

En estos días de presidentes sordos, expresidentes que ojalá fueran mudos y donde el horizonte se ve tan black... friday de IVA. Mejor hablemos de amor.

Leo ‘Variaciones Enigma’, de André Aciman, autor de ‘Llámame por tu nombre’ y gran estudioso de Marcel Proust. Difícil soltar esta novela donde el autor narra las finas tramas del deseo con la destreza de un tenista avezado que en cada línea se devuelve a sí mismo el golpe, para vencer y ser vencido en el acto narrativo.

Como lectores asistimos a ese juego de inteligencia versus sensibilidad, extasiados y en vilo, a la espera de la siguiente maniobra, del siguiente revés, del siguiente ajuste de cuentas y, de ser posible, la victoria definitiva del amor.

También llega a librerías, por estos días, ‘Cartas sobre el amor y la destrucción’, que contiene la correspondencia amorosa y filosófica entre dos intelectuales, académicos y afilados pensadores colombianos que a lo largo de año y medio diseccionan no solo las vetas de su relación sentimental fallida sino también a Colombia como proyecto de nación postergado y frágil.

Firmado por el editor Luis Eduardo Hoyos, en esas cartas reposan profundas reflexiones sobre el amor, pero también sobre procesos de paz y de guerra, castas políticas, corruptelas y encrucijadas.

“Todo lo que uno quiere cuando ama es hablar, ser escuchado y escuchar. Hablar con las palabras, los gestos, con las caricias, con los dones. Hablar de modo constante. Ser escuchado con la certidumbre de que uno es escuchado por alguien como una fuente de significado y de que lo que vale e importa para uno vale en buena medida e importa para el otro”, dice el libro.

Así que leamos para no odiar. El amor soporta frío, calor, lavaplatos, esponjilla metálica, fricción. El amor madruga, marcha, es persistente, reincidente, lacrimógeno. El amor es de teflón. Quien caceroleó lo supo.

Sigue en Twitter @PGPaolaGuevara

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