La dictadura Marie Kondo

La dictadura Marie Kondo

Enero 14, 2019 - 06:34 a.m. Por: Paola Guevara

Muchos críticos tiene por estos días Marie Kondo, gurú del orden y la limpieza. La coach japonesa y estrella de Netflix, que añora un mundo donde los cables no sean una maraña ciega, ni los cajones se parezcan a la conciencia de los fiscales corruptos, ha sido acusada de promover la cultura del desecho, y de ser insensible ante las necesidades de los más pobres pues no explica a dónde van a parar las cajas llenas de objetos descartados.

Que no queremos ser tan simplones como ella. Que no venga a decirnos cómo vivir nuestras vidas. Que no sugiera que debemos abrazar nuestros martillos y escobas para sentir si nos hacen felices. Que no venga a decirnos que hay que vivir clasificando por tamaño y color. Y mucho menos que, si desechamos algo, debemos abrazarlo antes y decirle “gracias”. Han dicho de todo.

Kondo, quien fue elegida por la revista Time como una de las cien personas más influyentes del mundo, desarrolló un método fácil de aplicar y ciertamente efectivo para odenar la casa y la vida, pero irritó a los amantes del papel que se niegan a conservar solo 30 libros queridos en la biblioteca.

Leí su bestseller ‘La felicidad después del orden’, donde Kondo dice: “En cuanto a los libros leídos a medias o jamás leídos, lo más sensato es deshacerse de todo el lote”. ¡Pero qué dices, Marie! Si los libros no leídos son una promesa, la esperanza de una vida larga; y los leídos a medias esperan el día en que regresemos a ellos con ojos distintos, preparados al fin para ingresar a su universo cerrado.

Kondo recomienda, a continuación: “Conservar solo aquellos (libros) que nos produzcan felicidad”. Y pienso en la dictadura de la corrección; en esa peligrosa idea de la felicidad como un valor puramente sentimental, que hace desechable todo lo que cuestione o cueste. Bienvenidos a quedarse los libros duros, los incómodos, los demoledores, los que revolucionan y retan para alumbrar las zonas oscuras de nuestra humanidad.

“La regla básica es mantener juntos los libros de la misma categoría”, añade Kondo. Pero olvida que los libros están conectados en nosotros de formas muy diversas, no solo por autor, género o geografía, sino por las conexiones únicas que ellos han creado en nuestras redes neuronales y sensibilidad.

Para colmo, también sugiere evitar libros con títulos negativos. Pues hay gente que “quiere vivir una vida feliz, pero posee una gran cantidad de novelas con títulos trágicos”. Vade retro, Marie, somete a tu dictadura nuestras medias nonas, nuestros lapiceros sin tinta o las fotocopias universitarias que retenemos sin razón, pero los libros son el último umbral de la libertad. Que el imperio de la asepsia vacíe los cajones, no las mentes.

Sigue en Twitter @PGPaolaGuevara

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