Desparasitarse

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Desparasitarse

Enero 26, 2020 - 11:45 p. m. Por: Paola Guevara

Sorprendente e inquietante resulta la película coreana ‘Parásito’, nominada a seis premios Óscar (incluyendo mejor película y mejor película extranjera) y que se ha convertido en un fenómeno de taquilla en varios países, más allá de la barrera idiomática, geográfica y cultural. 

La idea central es de por sí brillante: una familia pobre que “parasita” -con astucia, engaños y manipulaciones- a la familia rica para la cuál trabaja, hasta poner en jaque la estabilidad del “organismo anfitrión” en el cuál encuentra sustento.

Drama, comedia, acción, terror, suspenso, romance, violencia, cine arte, cine de autor, chatarra comercial, múltiples géneros transitan por esta película inspirada en la ‘Psicosis’ de Alfred Hitchcock y nutrida en genios como Chabrol y Losey, Brian De Palma, David Fincher, John Carpenter y Kurosawa.

Aunque no es tan obvio quién es el parásito aquí, pues la familia rica también parasita a quienes les sirven, delegando en ellos los oficios indeseables y hasta roles paternos y maternos que no saben cómo asumir.

No contenta con explorar el contraste entre ricos y pobres, la película va más allá para sugerirnos que dentro de la pirámide de parásitos sociales hay siempre más capas, más niveles, más castas de las que se ven a simple vista.

Pero quizá los parásitos más peligrosos de todos son los que parecen más inofensivos, invisibles incluso, pero enferman el sistema desde los cimientos sin que se tenga noticia de ellos.

Inevitable pensar en la corrupción, micro o macro, que se enquista en las instituciones de la forma más silenciosa y permanece allí como un cáncer, anquilosada, agazapada, y al cabo del tiempo drena la salud y la viabilidad de cualquier organización.

Pero luego también están las relaciones interpersonales parasitarias, donde uno necesita la sangre del otro como alimento y ese otro, a su vez, se garantiza compañía o protección a largo plazo.

Qué complejas son las relaciones humanas, en ese sentido, y pocos serán quienes puedan decir que no albergan parásitos en su círculo, o quienes garanticen que no parasitan a nadie a cambio de privilegios.

Debería uno tomar de vez en cuando Albendazol, Mebendazol, Piperazina y Tiabendazol para el alma. Desparasitarse incluso de sus propias ideas de pertenencia a los grupos. Poner a revisión las relaciones cuyas reglas se dan por sentadas.

Vaya sorpresa nos llevaríamos. A menos que llegue el Invima de las emociones y nos permita dosis de autoengaño en cajas que se venden como producto 100% natural.

Sigue en Twitter @PGPaolaGuevara

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