Escuchar este artículo

Antipropósitos 2021

Enero 10, 2021 - 11:45 p. m. Por: Paola Guevara

Este año no huiré del río helado en la espalda, ni de las piedras bajo los pies descalzos, ni del viento que despeina, tras un año de palidecer entre pantallas y pixeles.

Este año no escaparé del sol. Daré vacaciones a los lentes oscuros que guardaba en cada cajón y bolsillo, y lo miraré de frente, con la piel entera, para beberlo por todos los poros.

Este año no confundiré mi piel con un filtro, ni el valor con un número de likes, ni la voz con un hashtag, ni mi derecho a la singularidad con el discurso unificado que recitan de memoria los nuevos policías de la verdad.

Este año no cortaré mi pelo a su mínima expresión, con la excusa de tener más tiempo para producir. Lo acepto rebelde y despeinado, incluso sensual entre mis manos que se esmeraban por aplacarlo.

Este año no temeré el resplandor de los rayos, porque su luz ilumina por un instante la realidad que existía pero no habíamos sido capaces de admitir.

Este año no usaré la empatía para borrar las fronteras donde termino yo y comienzan los demás; no confundiré los límites ajenos con mis límites, el deseo de otros con mi deseo, sus intenciones con mis intenciones, los procesos de otros con mis propios procesos. Su momento de vida con el mío.

Este año no temeré los horizontes nublados ni anticiparé terribles desenlaces, porque aprendí que a falta de visibilidad viene bien dar un paso a la vez y esperar que el piso siga apareciendo. Casi siempre lo hace.

Este año viajaré distinto, ya no como una pulsión de fuga o una perentoria búsqueda de escape, pues la pandemia entrenó mis músculos de la contemplación y la espera, e igualó la emoción de los estrenos de cine por el guion de los atardeceres siempre distintos.

Este año no tendré prisa por las listas de novedades, y en cambio releeré todo Dostoievski y Kafka, Lao Tsé y Chuang Tsé, a una luz distinta. No perderé los pequeños rituales cotidianos, recién recobrados: el café de prensa francesa hecho en casa, las velas encendidas de noche o de día, los rincones conquistados para la lectura, los lápices de colores allí donde alcance mi mano.

Este año no dejaré morir los tréboles de cuatro hojas y las catleyas. No reabriré ciclos ya clausurados, bienvenida la página en blanco. Escribiré una nueva novela, sin la camisa de fuerza de los tiempos de entrega. No ataré mis estados emocionales a las malas noticias.

Los días alegres cantaré con William Ernest Henley “soy el amo de mi destino, soy el capitán de mi alma”. Los tristes, con Maya Angelou por bandera: “Y aún así, me levanto”.

Sigue en Twitter @PGPaolaGuevara

Conecta con la verdad. Suscríbete a elpais.com.co
VER COMENTARIOS