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Mario Fernando Prado

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¿Otro elefante blanco?

Lo que pasa es que antes había un gobierno -repito- irresponsable, que maquiavélicamente esperó que el que le sucediera sacara plata, no sé de dónde para terminar el esperpento.

23 de febrero de 2024 Por: Mario Fernando Prado

El lote del Club San Fernando sí es muy de malas. Lo que le ha tocado padecer en estos últimos años desde que se cerró este icónico centro social, da para un novelón de pasión, dolor y terror.

El abandono a que ha estado sometido es una de las tantas vergüenzas de nuestra ciudad. Da tristeza pasar por allí y ver cómo la maleza ha invadido hasta los gratos recuerdos de tan querido lugar.

Por eso celebramos con júbilo que la Alcaldía hubiera recibido ese predio para adelantar una construcción emblemática, educativa y artística que le haría honor a su pasado, pero no, resultó ser un hipermega proyecto faraónico que iría de allí hasta el cerro de Cristo Rey y fuimos tan huevones que nos comimos el cuento porque nos juraron que hasta la platica estaba lista.

¡Y la realidad ha sido muy distinta! Ni el proyecto estaba terminado ni la financiación estaba asegurada. Es más, por el afán de comprar cemento y hacer unas columnas espantosas, se improvisó de tal manera que hubo que suspender la construcción porque se podía hasta venir al suelo.

Así las cosas, se paró la obra porque -repito- no hay seguridad en lo construido y menos con qué seguirla y hay tantas y tantas necesidades y prioridades que sería un desatino continuar con este embeleco.

Además, lo que se tiene planeado con la estatua y sus alrededores es tan irresponsable que las antenas que superan en altura al monumento allí seguirán, siendo que lo razonable hubiera sido despejar los alrededores y no continuar con semejante lunar de nunca acabar.

Es indudable que habrá que replantear el proyecto aterrizándolo a la realidad y acorde con la situación fiscal de la ciudad, que no es la mejor, como no lo era cuando se inició. Lo que pasa es que antes había un gobierno -repito- irresponsable, que maquiavélicamente esperó que el que le sucediera sacara plata, no sé de dónde para terminar el esperpento.

Hasta ahora todo conduce a que se convierta en un elefante blanco y en un monumento a una época aciaga para Cali en que quedó en los rines, totalmente quebrada y cuestionada, con un MÍO ‘in artículo mortis’, una Emcali que hay que salvarla a como dé lugar y por sobre todo, una ciudad que no creía en nadie ni en nada y ahora está teniendo un renacimiento con unos habitantes empeñados en no dejarse sucumbir ni amilanar frente a los problemas.

Ojalá esta estatua con una refacción sencilla nos sirva para ayudarnos a recuperar la confianza y a creer nuevamente en lo nuestro.

Ah, y hablando de monumentos, ojalá que se puedan arreglar las Tres Cruces, convertida en una letrina fétida que la cuidan unos pocos policías que hacen lo que buenamente pueden y que cómo estará de abandonada, que ya ni figura como un sitio de atracción turística, rodeada de antenas y más antenas, que son más altas que esas pobres cruces de las que nadie se acuerda. Qué ironías de la vida.

***

Posdata. Pero como todo no es malo, qué bueno que nos hayamos ganado ser la sede de la COP16 con la asistencia de 192 países de todo el mundo y 15 mil turistas.

¡Hay que poner la casa en orden y lo vamos a lograr!

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