De Petro y el Papa

Pero además, tiene el desparpajo de decirnos, palabras más, palabras menos, que sus visitas sí fueron buenas para Colombia, y la de Petro no, porque él sí es “de los que tenemos fe y creemos en Dios”

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4 de feb de 2022, 11:42 a. m.

Actualizado el 17 de may de 2023, 12:28 p. m.

La campaña presidencial apenas si acaba de iniciar y en este país ya estamos decididos a romper en el 2022 el récord mundial del ridículo.

No hay otra forma de calificar lo que hemos visto y escuchado en las
últimas horas, por cuenta de la visita del precandidato Gustavo Petro al papa Francisco. Repasemos:

Un Presidente que después de cuatro años brilla más por su abultada impopularidad que por su obra de gobierno, sale a hablar sobre la necesidad de “confesar los pecados”. Como si eso fuera lo que esperara de él este país, en medio del terrible incendio en que lo está dejando.

Y un embajador angustiado con esa visita al Vaticano se siente en la necesidad de salir presuroso por la radio a aclarar que tranquilos; que hagan fila porque hay Papa pa’ todos y el paciente Francisco se va a dedicar, de aquí hasta mayo, a recibir a cuanto perro, gato y candidato haya en Colombia.

Y un periodista energúmeno, que parece no haber leído nunca un libro sobre la relación entre poder y religión, lanza un tuit iluminado y eterno, enfurecido y tranquilo, que seguramente nos va a generar un gran lío diplomático: “¿Qué dice la Iglesia colombiana sobre la postura política del papa Francisco en nuestro país? ¿Tiene postura política? ¿Van a jugar un papel? Tenemos el derecho a saber”, pregunta desafiante el candoroso colega.

Y un flamante candidato de otro partido, que parece decidido a ser la mejor imitación del popular ‘Juanpis González’, sale corriendo a mostrar que él ya se reunió con el Papa. Y no solo una, sino dos veces.

Pero además tiene el desparpajo de decirnos -palabras más, palabras menos- que sus visitas sí fueron buenas para Colombia, y la de Petro no, porque él sí es “de los que tenemos fe y creemos en Dios”. ¡No les miento! ¡En serio, Barguil dijo eso! ¡Sin el más mínimo asomo de vergüenza!

Y la lista de ejemplos sigue, en una muestra contundente de la futilidad de este país; de su inagotable capacidad para dedicarse a lo superficial, en vez de hablar sobre los problemas de fondo; de su sistemática decisión de permanecer ciego, sordo y mudo ante su terrible realidad y mejor prestarle atención a lo que no la merece.

Podría decirse, viendo el show que se ha armado por esa reunión en el Vaticano, que no somos un país, sino un ‘meme’. Y que por gente como nosotros es que el champú viene con instrucciones.

Dos cosas, además de esa inclinación natural de nuestra clase dirigente hacia el ridículo, me sorprenden de este episodio absurdo.

La primera: que el único que parece entender lo que se está jugando en el 2022 y se ha tomado en serio su trabajo en esta campaña, es el propio Petro. Mientras la derecha no sabe cómo lograr la misión imposible de sacar un candidato que no se vea como ‘el que diga Uribe’, y el centro sigue intoxicado por un exceso de honestidad, el virtual candidato de la izquierda se pasea por Europa con pose de estadista, generando titulares y posibles alianzas, como si ya estuviera en trance de gobernar.

La segunda: la notable debilidad del rival que Petro tiene al otro lado de la cancha, al menos hasta ahora. Sus opositores, congregados en lo que se denomina el ‘establecimiento’, lucen confundidos, distraídos, bajos de ánimo, dispersos, sin un juego claro y sin una figura que concentre energía y liderazgo.

Podría decirse que hoy Petro tiene enfrente a la Selección Colombia de Reinaldo Rueda. Y si lo único que tienen para jugarle son escándalos improductivos como este de la visita al Papa, es casi seguro que van a ‘Catar’ la derrota.

El país está urgido de propuestas, ideas y argumentos para aliviar sus dolores y preocupaciones. Y ni el centro ni la derecha parecen entenderlo. Si tanto les preocupa un giro a la izquierda, ¡trabajen, vagos!

Periodista y economista. Melómano apasionado, autodidacta obsesivo y enamorado eterno de Cali. Nadie le quita 'lo bailao'

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