Verdades reveladas y bárbaras

Verdades reveladas y bárbaras

Marzo 22, 2019 - 11:40 p.m. Por: Óscar López Pulecio

El tema de los contenidos ideológicos de la educación pública básica y media es de nunca acabar. Ello porque es muy difícil que no existan, desde cuanto tenían un cariz claramente religioso, el anatema a protestantes y musulmanes del Catolicismo Romano, hasta ahora cuando inculcan una línea política particular, de izquierda o derecha. Los niños turcos en los años 30 aprendían el alfabeto escribiendo el nombre de Ataturk, los niños chinos recitaban los poemas de Mao, algo parecido a lo que sucedía con los niños cubanos en los 60 con la glorificación del nombre de Fidel Castro. Aunque cabe esperar que en las democracias no suceda lo mismo.

La versión conservadora y clerical de los abogados Henao y Arrubla, que con el nombre de Compendio de la Historia de Colombia ganó el concurso convocado por el Ministerio de Instrucción Pública en 1910 con motivo de la celebración del centenario de la Independencia, fue verdad revelada por generaciones de colombianos, hasta cuando fue abolida en mala hora la materia de Historia de Colombia del pénsum oficial.

Era una cándida secuencia de las buenas obras que realizan aún los gobernantes más incompetentes o perversos, cuyo objeto era formar el valor del orgullo patrio. Mejor que nada, pues al menos quedaba el rastro de la difícil construcción física y política de la Nación. Hubieran podido revisarla a la luz de los grandes conflictos de nuestra historia, para usar el título de la gran obra de Indalecio Liévano, que pone el asunto en la perspectiva correcta. Ahora en esas materias los discípulos quedan a merced del maestro, si no aprenden a defenderse a tiempo.

La libertad de cátedra es la principal conquista de la civilización occidental, producto de su más enconada lucha, la del Estado contra la Iglesia, y fuente de todos los demás derechos fundamentales, irrespetados por la mezcla de dogmatismo y poder político. Las sociedades contemporáneas se construyen sobre el laicismo, lo cual no quiere decir que no exista la posibilidad de que grupos particulares de ciudadanos quieran darles algún tipo de educación privada con contenido ideológico o religioso a sus hijos, ni tampoco que el laicismo signifique que la educación pública no forme determinados valores ideológicos, puesto que no puede realizarse en el vacío.

¿Cuál es la razón para no enseñar a los niños y jóvenes colombianos, que atienden la educación básica y media, que ha habido en Colombia un conflicto armado interno campesino, basado en la lucha por la tierra, alimentado por economías ilegales, cuyo principal actor firmó un acuerdo de paz sometiéndose a una justicia restaurativa, si ese país embarcado en la construcción de la paz es el que les va a tocar vivir? ¿No es acaso una manera de construir valores nacionales sólidos?
El problema central no es que existan contenidos políticos o religiosos en el proceso educativo, público y privado, que son casi imposibles de evitar, porque no se puede disociar la educación de la realidad cotidiana, si no que las personas educadas de una manera tengan la capacidad para convivir en paz, de modo constructivo con quienes han sido educados de otra manera. Educar en el dogmatismo es el fracaso del proceso educativo, la perpetuación de la intolerancia, la administración despótica de una verdad revelada, que no admite contradictores: el más seguro camino a la barbarie.

Conecta con la verdad. Suscríbete a elpais.com.co
VER COMENTARIOS
Columnistas