Escuchar este artículo

Demócratas, pero no mucho

Noviembre 13, 2020 - 11:40 p. m. Por: Óscar López Pulecio

Entender el sistema electoral norteamericano es tarea compleja.
Producto de su historia como federación de estados independientes, ha terminado por socavar la esencia misma del sistema democrático que consiste en que todos los votos valen lo mismo. Es un alivio que ahora, a diferencia de la pasada elección, el ganador del voto popular y el presidente electo coincidan, pero pudo no haber sucedido, como otras veces.

La razón nace de la composición del Colegio Electoral, que es la entidad más desueta de ese complejo sistema. Como su número es equivalente al número de miembros del Congreso y cada Estado tiene por derecho dos senadores, más un número de representantes proporcionales a su población, en un estado pequeño un voto del colegio electoral puede representar una cifra muy inferior de ciudadanos a la que representa un voto en un estado grande.

Un ejemplo: Florida tiene 29 votos electorales y en la elección del 3 de noviembre votaron cerca de 11 millones de personas. Cada uno de sus votos al colegio electoral representa 380.000 personas. Iowa tiene 6 votos y votaron 1.700.00 personas. Cada uno de sus votos representa 283.000 personas. Así las cosas, la suma de los Estados pequeños representa un volumen de votación muy inferior a su peso en el Colegio Electoral.

A lo cual hay que añadir otro esperpento: con la excepción de un par de Estados, el candidato ganador de cada Estado se lleva todos los votos del Colegio Electoral, bajo el supuesto de que cada Estado elige un Presidente. Difícil un mecanismo más antidemocrático que éste, puesto que por lo general en un régimen político bipartidista las opiniones tienden a dividirse más o menos por la mitad, y ese sistema simplemente le quita la vocería a la mitad de los ciudadanos de cada Estado.

Como consecuencia de ese par de absurdos, la elección presidencial de Estados Unidos, donde votaron más de 146 millones de personas, en la cual Joe Biden sacó más de 5 millones de votos más que Donald Trump, se decidió por los menos de 50.000 votos con los cuales Joe Biden ganó el Estado de Pennsylvania, que le permitieron llegar a los 270 votos que conforman la mayoría del Colegio Electoral. Que se lo expliquen a Pitágoras.

Por años se han elevado voces de protesta por ese sistema que desvirtúa por completo la idea de democracia. Pero la enmienda a la Constitución que ello implica ha sido vetada por los Estados pequeños, los cuales pierden un gran poder político. El hecho muy sano de que todos los Estados tengan la misma participación en el Senado, que representa a la Nación no quiere decir que deban tener un peso desproporcionado en el colegio electoral (en Colombia cuando se establecieron las no menos absurdas circunscripciones nacionales para el Senado se quedó medio país sin representación en esa instancia).

Lo que manda el sentido común, si quiere mantenerse esa institución desueta, es que al menos en cada Estado el número de delgados se reparta en la misma proporción de los votos de cada candidato. Se mantendría la inequidad, pero al menos estaría mejor representada la voluntad popular estatal. Sin embargo, el punto es que el Colegio Electoral no debería existir. Su supresión no debilita la Unión Americana, sino que recupera el sentido original de la Constitución de Filadelfia, de la igualdad de todos frente a la ley.

Conecta con la verdad. Suscríbete a elpais.com.co
VER COMENTARIOS