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Debería quedar claro que las ciudades y su arquitectura aparecieron en diversos momentos en muchas partes de todo el mundo, y no como la ha visto su historia eurocentrista.

1 de febrero de 2024 Por: Benjamin Barney Caldas

El antropólogo David Graeber y el arqueólogo David Wengrow, en El amanecer de todo / Una nueva historia de la humanidad, 2021, recuerdan que ‘política’ y ‘policía’ proceden de polis, ciudad en griego, y que de civitas, en latín, viene ‘civismo’, ‘cívico’ y ‘civilización’ (p. 15) pero anuncian que recientes descubrimientos arqueológicos en varias partes del mundo en donde se han encontrado ciudades, muestran la aparición de la arquitectura monumental ya en la prehistoria (p.1 14), que la falta de una base agrícola no parece haber impedido crear pequeñas ciudades, incluso del tamaño de las de Mesopotamia (p. 183) y que antes de la agricultura había en muchos lugares aldeas, ciudades permanentes y santuarios, y, por tanto, artesanos y arquitectos (p. 207).

Además, los resultados de nuevos métodos de trabajo de campo es que obligan a revisar la historia de las ciudades y su vinculación con los orígenes de la agricultura; como es el caso de Çatalhöyük, en Turquía central, que se pobló por primera vez cerca del 7400 AEC. O sea hace 9.424 años, y duró 1.500 años más, donde los cultivos se realizaban en campos aluviales algo lejos y de una manera informal (p. 292) y la ganadería allí no fue doméstica (pp. 265-267). Lo que sí se ha encontrado en esa ciudad son muchos y diversos objetos ceremoniales (pp. 275-281 y 306).

Graeber y Wengrow, los dos autores del libro citado, se preguntan: “¿Hasta dónde puede llegar la geografía [en tanto su relación con la agricultura] para explicar la historia, en lugar de limitarse a influir en ella?” (p. 319), y recuerdan que Elias Canetti pensaba que las ciudades comienzan en la mente (p. 343) y por supuesto las de Italo Calvino son invisibles y Macondo de Gabriel García Márquez o Comala de Juan Rulfo son maravillosos pueblos que solo existen en la imaginación, y están esos espacios urbanos ideados por tantos escritores como es el caso de Umberto Eco, Federico García Lorca o Jorge Luis Borges; pero urbs ya significa edificaciones y las calles y plazas que las vinculan.

Debería quedar claro que las ciudades y su arquitectura aparecieron en diversos momentos en muchas partes de todo el mundo, y no como la ha visto su historia eurocentrista, y mucho antes de lo que se solía pensar, pero lo paradójico es que ya en la tercera década del Siglo XXI, cuando más de la mitad de la población habita en ciudades, muchos ignoran dichos temas. Y más en países como Colombia, con cerca de tres cuartas partes viviendo en sus ciudades tan reciente y rápidamente que no han tenido tiempo de enterarse; igual que tampoco se enteran de la presencia de la inteligencia artificial, la IA, en muchas de sus actividades cotidianas, ni de cómo son manipulados a través de ella.

Y como cada vez más gente tiene que vivir en las ciudades, muchas de ellas ya son muy grandes; es el caso de cuatro en Colombia. Entre ellas, Cali en la que habría que identificar las ciudades dentro de la ciudad que espontáneamente hayan surgido, para dotarlas de subcentralidades a las que se pueda llegar caminando o en bicicleta para realizar diversas actividades cotidianas; serían asentamientos urbanos de un tamaño menor y, por lo tanto, con mejor calidad de vida e interconexión social, pero con las ventajas de toda ciudad grande en tanto trabajo, educación, salud, recreación, deportes y cultura, a cuyas sedes se pueda llegar por un eficaz sistema público de transporte.

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