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Temporada de cumbres

Junio 18, 2021 - 11:40 p. m. 2021-06-18 Por: Muni Jensen

En las últimas semanas se reunieron en engalanadas ciudades de Europa los líderes de los países más importantes del mundo para supuestamente dibujar las nuevas reglas de juego de la geopolítica. Fue una semana de ganadores y perdedores, de bienvenidas y despedidas, de camaradería y tensión, y declaraciones de unidad a discusiones sobre el clima, los impuestos y las armas nucleares.

La faena empezó con la reunión del Grupo de los Siete, en la que se reunieron durante tres días, en Cornwall, Inglaterra, las cabezas de las democracias más ricas del mundo. Entre las comidas gourmet, los participantes tenían la tarea de discutir temas urgentes como el cambio climático, la tecnología verde y política global. Estados Unidos, Canadá, Francia, Alemania, Italia y Japón, más un puñado de países invitados, discutieron también la recuperación económica mundial, cómo vacunar contra el covid al mundo en desarrollo y acabar con el uso del carbón, entre otros retos monumentales. Todos sabían que detrás de manteles, el plato fuerte era el regreso de Estados Unidos, vía el sorprendente Joe Biden, a la conversación transatlántica, y la tácita despedida de Angela Merkel, canciller alemana que ha tenido en su mano el timón de su país, y de la Unión Europea, por más de 15 años. También se sabía que el objetivo real de la reunión era crear un bloque conjunto para contener a China. Como siempre ocurre en estas cumbres, hubo más promesas que resultados, y más buenas intenciones que planes de trabajo.

Días después, un grupo parecido se dio cita en Bruselas, bajo el paraguas de la Otan, que reúne a 30 países de Europa y Norteamérica. Esta vez la agenda era más dura, propia de su misión de tratar temas de defensa colectiva, e incluyó nuevamente en el orden del día el creciente poder militar de China, y la preocupación sobre el ciberriesgo ruso así como la amenaza que representa para la estabilidad global. La Otan, que el presidente Macrón calificó como un grupo con “muerte cerebral”, hoy da muestras de vida y cobra relevancia ante el impacto y capacidad destructora de sus enemigos. Los líderes de Occidente se dieron cuenta tarde que tienen formidables enemigos comunes que ganan terreno cada día y que ponen al descubierto el anticuado aparato militar europeo y la patética defensa ante los ciberataques de Estados Unidos.
Aunque las conversaciones tocaron temas similares, se puede concluir que si el eje central del G-7 fue cómo parar a China, el de la Otan fue cómo detener a Rusia.

En la periferia de estas visitas de los grandes ocurrieron dos encuentros bilaterales de gran visibilidad y pocos resultados. El primero fue la reunión Biden-Putin, una cumbre que despertó el tufo de la Guerra Fría.
Biden es el quinto presidente que se sienta con Putin, y como sucedió con sus antecesores no se produjo nada más allá del propio hecho de haberse sentado a la mesa. Los optimistas recuerdan que habría podido salir peor, y que al menos mantuvieron un tono cordial. Flaco triunfo en una cita que dejó poco más que una estela de escépticos. Ni se frenaron los ciberataques ni rindió cuentas al gobierno ruso frente al asesinato y persecución de sus opositores. La segunda, de menos perfil, fue una sentada de Biden con el autócrata turco Tayyip Erdogan para habla sobre el retiro de las tropas de Afganistán, la posición frente a Siria y la compra gigantesca de armas rusas por parte de Turquía. Quedaron en las mismas.

Los grandes líderes del mundo regresaron a sus países con las barrigas llenas y las agendas repletas de promesas sin concretar. Regresan, como Macrón a Francia, a enfrentar una creciente oposición; o como Merkel, a despedirse; a Italia, donde Draghi planea convertirse en el nuevo líder de Europa y Biden a Washington a enfrentar la lucha en el Congreso.
Mientras tanto, Xi Jin Ping y Vladimir Putin leen las noticias, seguros de que a punta de amenazas y músculo económico y militar serán, al menos por ahora, los grandes protagonistas de las anticuadas y sobredimensionadas cumbres mundiales, aunque no los inviten.
Sigue en Twitter @Muni_Jensen

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