El trono vacío

El trono vacío

Enero 18, 2019 - 11:40 p.m. Por: Muni Jensen

Hace poco entrevistamos para el podcast Altamar (www.altamar.us) a Ivo Daalder, exembajador de la Otan y autor del recientemente publicado libro titulado ‘El trono vacío, la abdicación del liderazgo de Estados Unidos’. En su libro, Daalder y su coautor James Lindsay afirman que el caos del mundo es por el abandono de las reglas y estructuras que resultaron de la hegemonía de los Estados Unidos de la posguerra. Según ellos, es la falta de un timón que organice las estructuras de poder en el mundo lo que desencadena la polarización y el caos que hoy reina globalmente. Culpan de gran parte de este vacío a Donald Trump, quien no ha tenido interés, capacidad, ni intención de ejercer esta función.

Nadie duda que el liderazgo de Estados Unidos ha decaído notablemente gracias al discurso de Trump de “Estados Unidos primero”, o “America First”, y su mirada ombliguista y nostálgica que pretende regresar a los años dorados de la industria, la minería y el poder de una minoría, los blancos protestantes. Pero no es el actual presidente el único culpable. La silla del poder se empezó a desocupar desde los días de Obama y su filosofía del multilateralismo, de su constante intención de buscar consensos en política exterior, y el poco apetito de intervencionismo militar.

En el libro dividen el liderazgo en tres grandes pilares: militar, comercial y de promoción de democracia. El poderío militar, evidente desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, definió al mundo en blanco y negro, bueno y malo, y trazó las líneas de mando con Estados Unidos a la cabeza. Así fue por décadas el policía del mundo, con su poderío nuclear y su ejército detrás. Hoy las alianzas fuertes creadas por Estados Unidos y sus amigos se han fragmentado y reconstruido de manera preocupante por un presidente que ve poco valor en mantenerlas. Para Trump, según los autores, el liderazgo global “no es la solución para los problemas americanos, sino el problema”. El Presidente, siempre transaccional, considera que mantener esta hegemonía es costoso, injusto y desgastante. Además, su atracción hacia el autoritarismo es lo que determina sus relaciones estratégicas a la vez que su desdén por las reglas y estructuras de entidades como la Otan hacen peligrar aún más la seguridad global.

En lo comercial las cosas se complican más, ya que sus socios comerciales históricos están reemplazando a EE.UU. por China, y el desdén mundial por el gobierno americano está afectando al comercio de manera visible. En la última encuesta de Gallup entre personas de 134 países, la aprobación de Estados Unidos bajó 20 puntos en los últimos 10 años. Hoy su reputación está a la par con la rusa y la china, algo impensable hace 20 años. La encuestadora también estableció la relación entre aprobación y comercio cuando los países que rechazan al país son los más grandes compradores de sus productos, y calculó las pérdidas por mala reputación en 3.300 millones de dólares anuales. Es decir, a menor influencia global, menor comercio. Pero esas cifras importan poco al gobierno, que se ha empeñado en declarar la guerra comercial a China, reabrir acuerdos con México y Canadá, rechazar un tratado con Europa y crear una política comercial retrógrada a base de aranceles y multas.

El tercer pilar del poder abdicado, según los autores, es el de EE.UU. como promotor de democracia y derechos humanos. Esta tesis es más cuestionable, ya que en nombre de los derechos humanos los americanos históricamente han cometido atrocidades, armado invasiones y apoyado dictaduras sangrientas que ni fortalecieron la democracia ni promovieron los derechos. En cambio, y no es solo cosa de Trump, ha tenido el país vínculos importantes con grandes violadores de libertad por interés comercial y militar. Sospecho que el resto del mundo no extraña tanto este aspecto del liderazgo americano.

El trono está vacío, efectivamente. Estados Unidos se levantó de la silla y nadie lo ha reemplazado, de eso no cabe duda. La pregunta es si es necesario ocuparla de nuevo, o si es un buen momento para eliminar esta metáfora monárquica y crear un orden mundial y una mesa con varios puestos que representen mejor la sociedad diversa, global y multipolar en la que vivimos.

Sigue en Twitter @Muni_Jensen

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