Venas abiertas

Venas abiertas

Marzo 18, 2019 - 11:45 p.m. Por: Miky Calero

Por el gran respeto y admiración que le tengo al maestro Eduardo Galeano, voy a tomar este título para mi columna. A lo que quiero referirme es a como funciona nuestro gobierno ya sea Nacional, Departamental o Municipal. Hay unos presupuestos que son conseguidos por los impuestos que usted lectora y yo pagamos al gobierno. Esa plata se reparte en funcionamiento y en proyectos para la educación, la salud, la cultura, la guerra y para infraestructura. El presidente, los congresistas, los gobernadores, alcaldes y concejales tienen la misión de estudiar y ver dónde poner esos fondos. Hay cientos de miles de personas, fundaciones, compañías, etc., que le ponen el ojo a esa platica. Allí llega el enemigo número uno de la humanidad: la corrupción.

La gran mayoría de los proyectos que terminan aprobados y asignados por estos señores o señoras del gobierno, no son viables o no cuentan con los permisos ambientales o estudios reales de viabilidad elementales para ser realizables, pero aún así son asignados.

¿Cómo funciona la vaina? Con las platas de los adelantos a los beneficiarios, que muchas veces son los amigos, parientes o aquellos que devuelven parte de la plata a sus asignatarios (en forma de contribuciones para sus campañas electorales y plata ‘enmaletada’), se intentan comprar todos esos permisos a funcionarios que se prestan para hacerlo (no todos), gran parte de esos permisos son fraudulentos. Se arrancan los proyectos para asegurar el contrato y en el camino se van resolviendo las cosas que deberían haber sido resueltas antes de comenzar. Una vez comenzada la obra, se para, hasta que se den los permisos y así pueden pasar no solo meses sino años, con los sobrecostos que ya sabemos. Una obra que fue asignada por x cantidad de plata termina costando dos o tres veces más.

Por eso es que se ven tantas obras comenzadas que no se terminan nunca. La vía al mar, el túnel de La Línea, la hidroeléctrica de Hidruitango, el Parque Lineal del Río Cali, etc., etc., etc. Obras con unas demoras y unos sobrecostos espantosos, plata para la corrupción estatal y privada. Estado que culpa a las guerrillas, al narcotráfico, pero no admite su participación en la descomposición de nuestra sociedad. Políticos y contratistas corruptos que si son identificados por la ‘justicia’ terminan pagando condenas irrisorias en sus casas por cárceles.
Seamos realistas: mientras seamos gobernados por los mismos y mismas otra vez y otra vez, nuestro futuro es el que nos merecemos, seguimos eligiendo mal. ¡No más! ¡Ya basta!, pensemos en nuestros hijos y apostémosle a una renovación real al sistema político, no más a instituciones, corporaciones, grupos empresariales corruptos, no más fiscales vendidos, es tiempo para un verdadero cambio, ¿será que se puede?

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