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SAI, isla paradójica

Noviembre 09, 2020 - 11:45 p. m. Por: Miky Calero

La isla en épocas modernas se convirtió en una atracción turística y su economía se volvió dependiente de esa actividad. La clase de turismo que llega a San Andrés es mayormente de la modalidad ‘todo pago’, es decir, pague un paquete en su ciudad a unos grandes operadores turísticos y de allí en adelante su mercé no tiene que volverse a preocupar o para mejor decir, no tiene que volver a meter la mano al bolsillo. Eso no ha sido muy favorable para los pequeños, incluyendo a la población raizal de la isla. Desde los años 60 la isla se convirtió en el ‘sueño americano colombiano’ lo que hizo que ese pequeño espacio de 26 kilómetros cuadrados se sobrepoblara con gente buscando nuevas oportunidades. A raíz de esto que menciono, en su afán de prestar servicios turísticos a algunos de esos visitantes, se construyeron negocios en la zona costera que en la ley está prohibido.

Llega el señor coronavirus, se cierra la isla por unos meses y se abre paulatinamente, lo que significa que mucha gente se quedó sin trabajo y la economía se afectó muchísimo. Hace una semana llega la señora ‘ETA’ con sus vientos huracanados y termina llevándose muchos de esos negocios costeros y los techos de familias de bajos recursos. Muy triste todo esto que aquí relato y mi solidaridad está con todas aquellas personas.

La flora y la fauna se ha recuperado maravillosamente y las playas y calles ya no se ven tan llenas de basuras, la flora respiró y estoy seguro que tanto peces como pájaros, iguanas y demás habitantes del archipiélago están felices y recuperándose. Al mismo tiempo el mar reintegró sus fronteras donde no se puede construir, porque así es la naturaleza, en permanente movimiento.

Esta situación nos ofrece una oportunidad única para que un gobierno serio y eficiente se dé a la tarea de reorganizar el turismo y la construcción típica de la isla y no permitir esos adefesios de edificios en concreto que son más para grandes ciudades y no para islas caribeñas.
También, no más construcciones donde no deben estar, oportunidad para reubicar esas personas en sitios dignos de la isla y generar proyectos donde muchos de los que llegaron del continente buscando mejores oportunidades y que quieran regresar nuevamente a sus lugares de origen puedan hacerlo de la mano de un gobierno descentralizado buscando el bienestar de todos sus pobladores. No desperdiciemos esta única oportunidad, para ahora sí hacer las cosas bien.

Los humanos dañamos la isla, la naturaleza encuentra artimañas para recuperarla, como toda paradoja, nos deja mucho qué reflexionar.
P.D. Si alguien quiere contribuir para esos habitantes que perdieron sus techos, colchones y enseres pueden hacerlo a través de Blue Índigo fundación por la página https://web.gabriel.net.co/index.php/causas/detalle/65.

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