Plegaria del árbol

Plegaria del árbol

Septiembre 17, 2018 - 11:45 p.m. Por: Miky Calero

“Tú que pasas y levantas contra mí tu brazo, que inconscientemente me zarandeas, antes de hacerme daño ¡mírame bien!

Yo soy el armazón de tu cuna, la madera de tu barca. la tabla de tu mesa, la viga que sostiene tu techo, la cama en que descansas.

Yo soy el mango de tu herramienta, el bastón de tu vejez, el mástil de tus ilusiones y esperanzas. Yo doy el fruto que te nutre y calma tu sed, la sombra bienhechora que te cobija contra los ardores del sol, el refugio bondadoso de los pájaros que alegran con su canto tus horas y que limpian tus campos de insectos.

Yo soy la hermosura del paisaje, el encanto de tu huerta, la señal de la montaña, el lindero del camino.

Soy el calor de tu hogar en las noches frías y largas del invierno, el perfume que embalsama a todas horas el aire que respiras, el oxígeno que vivifica tu sangre y con ello la salud de tu cuerpo, la alegría de tu alma; y hasta el fin, yo soy el ataúd que te acompaña al seno de la tierra.

Por eso, tú que me miras, tú que me plantaste con tus manos, tú que me diste el ser y que puedes llamarme hijo..., óyeme bien, mírame bien... ¡y no me hagas daño!

Anónimo

Este escrito lo encontramos en un camino polvoriento del desierto de Atacama (recorrimos por tierra desde Chile a Colombia) y me impactó. Quise compartirlo porque es un mensaje contundente que a mí me llegó al corazón. Fue tan fuerte el mensaje que en Cusco me tatué un pequeño árbol en mi muñeca, para recordarme todo el día que en cierta medida mi misión en este pequeño instante de vida sobre los millones de años de existencia del Planeta, es intentar hacer conciencia de la importancia de preservar los recursos naturales y proteger las selvas y bosques de nuestra bella Pachamama.

Ya es hora de buscar una visión distinta, es hora de pensar que no somos dueños del Planeta y podemos hacer lo que queramos. Es hora de buscar fuentes de energía limpia y no más dependencia del petróleo, que tanto daño ha hecho cuando el hombre lo saca del subsuelo y lo convierte en un combustible contaminante, igual que el carbón. Tenemos el sol, el viento y el agua que pueden producir suficiente energía para la humanidad sin tener que enviciar el aire, los ríos y mares.

Escuchemos lo que los árboles y las otras especies nos dicen, bajemos la cabeza y reconozcamos que no lo estamos haciendo bien, todavía hay tiempo. ¡Te amo árbol por hacerme sentir!

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