El Sí del ausente

El Sí del ausente

Septiembre 28, 2016 - 12:00 a.m. Por: Melba Escobar

La fiesta de Colombia a la que asistieron 15 jefes de Estado y 27 cancilleres para ser testigos del fin de la guerra más antigua de occidente es ahora un sueño hecho realidad. Timochenko, o mejor, Rodrigo Londoño, finalmente pidió perdón. Las cantadoras de Bojayá abandonaron el luto y cantaron por primera vez de blanco. El presidente Santos dio muestras de poder hacer un discurso emotivo. Lamenté, sin embargo, no haber visto al expresidente Uribe en el acto en Cartagena. Pienso que pocos como él han debido celebrar una apuesta que también fue la suya.A Álvaro Uribe Vélez se le eligió con el fin de derrotar a la guerrilla y su popularidad se mantuvo alta en gran parte por los logros que alcanzó en este frente. Estrategias como la Seguridad Democrática y la política de desmovilización redujeron la violencia en el país a la mitad. Las acciones bélicas disminuyeron en un 80%. Su gobierno promovió la Ley de Justicia y Paz, que concedió penas alternativas a los paramilitares a cambio de verdad, justicia y reparación a favor de las víctimas.Si bien sus políticas fueron criticadas por convertir a la población civil en actor bélico, al tiempo que su proceso de desmovilización de las autodefensas aún hoy tiene secuelas negativas por la impunidad en muchos casos, Álvaro Uribe diezmó la capacidad de hacer daño de la guerrilla de las Farc, además de acabar con la estructura de las AUC.También vale recordar que Uribe intentó acercamientos a las Farc siendo presidente de la República para conseguir una salida negociada, y que siendo Senador propuso en 1992 cambiar la Constitución para revivir la amnistía y permitir la participación política en el Congreso a guerrilleros desmovilizados del M-19. Con el entonces Ministro de Gobierno, Humberto de la Calle, entre otros, elaboraron el documento que en 1993 se convirtió en ley aduciendo a que “La Constitución de 1991 ha concebido la paz como un derecho ubicado dentro del capítulo de los derechos fundamentales, y como un deber de obligatorio cumplimiento”.Por todo lo anterior lamento ver al expresidente disminuido hasta el punto de pararse como un chiflado en la puerta del evento donde tuvo lugar la firma de los acuerdos en Cartagena para negarle la entrada a los invitados. No sé si lo carcome el resentimiento de no haber sido él quien consiguió la paz para Colombia. En lo personal, sigo creyendo que aunque hoy insista en lo contrario, pocos gobernantes han contribuido a este desenlace como él supo hacerlo. Su defensa del derecho a hacer política por parte de los desmovilizados hace 21 años fue visionaria y no deja de resultar confuso que hoy alegue lo contrario.Dados a elegir, me quedo con el Uribe que quiso reformar la Constitución para permitirle hacer política a los exguerrilleros, con el que buscó una salida negociada, con el que apoyó a Santos en su candidatura. Supongo que uno puede cambiar de opinión, de todos modos pienso que él ha hecho más por la paz que por la guerra, que su carrera política tuvo un traspiés y quizá su salud mental también, pero que ese hombre sensato que alguna vez fue, generoso y dedicado a una transformación definitiva del país, sigue existiendo. Al menos es el mismo cuerpo, la misma cara y el mismo nombre, y a ese, o al que alguna vez fue, hoy sólo quiero darle las gracias de corazón. Gracias, Presidente. Porque este Sí que estamos a punto de alcanzar, también es un logro suyo.Sigue en Twitter @melbaes

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