Diomedizarse duele

Diomedizarse duele

Enero 07, 2015 - 12:00 a.m. Por: Melba Escobar

No tengo nada contra Diomedes Díaz. O mejor, contra su música. Tengo claro que tuvo un gran talento, no creo que haya que negarle su genio.En abstracto, tampoco veo problema en que hagan una telenovela sobre quien algunos denominan ‘juglar de juglares’, “es sólo música y la vida de nuestro ídolo”, dicen otros. ¿Ídolo? ¿Van a mostrar cómo se drogaba en el escenario? ¿Van a explicar cómo seducía a muchachitas a las que luego dejaba preñadas? ¿Van a ilustrar cómo drogó y violó a una muchacha hasta causarle la muerte? ¿Van a contar cómo logró salir de la cárcel valiéndose de dudosas artimañas? ¿Van a representar su amistad con varios cabecillas paramilitares? ¿Nos quieren decir que este hombre corrupto, misógino, egoísta, asesino, es un ídolo? ¿Debemos creer que lo fue? Se entendería que sí, porque la historia que nos van a contar es la de un niño enfermizo, que creció en la Guajira y que iba a la escuela sin zapatos, para luego acabar convertido en el emperador del vallenato, en el músico que más discos vendió en la historia de Colombia, ese al que tantos adoran, mientras cantan, se emparrandan y brindan por él. ¿Y habría que decir mientras maltratan mujeres en su nombre?El héroe fabricado por RCN va a ser otro de esos que nos gustan, que nacen en la miseria y sin importar las consecuencias, siguiendo la ley de “el fin justifica los medios” son capaces de todo con tal de llegar a donde se han propuesto. Así lo sugiere la campaña de promoción de la ‘serie’, donde se refieren a él como ‘el ídolo’, por una parte, y por otra, -la más ofensiva-, nos invitan a “Diomedizarnos”.Si la serie mostrara a Diomedes con todo lo buen músico que fue, su genio y su maldad también, si dejara ver eso, tal vez tendría un sentido narrativo, artístico, simbólico, pero si fuese así, no podría pedirnos que nos “diomedizáramos”. Van a acabar convirtiéndolo en un ídolo a secas. Una versión caribeña y masculina de la Cenicienta, una gran mentira donde se reducirán a nada sus delitos, mientras se ensalzan o inventan sus virtudes. “Diomedízate”, me espeta una valla mientras voy por la calle, “Diomedízate”, aparece en la televisión, en la radio, en las redes sociales, ¿Se trata de una invitación directa a asumir una conducta afirmativa hacia Diomedes Díaz? ¿A ‘convertirnos’ a su religión? ¿Alinearnos con él? ¿Volvernos sus cómplices, sus compinches? ¿Qué es exactamente “diomedizarse”? ¿Golpear a una mujer? ¿Violarla? ¿Drogarse y emborracharse hasta perder la conciencia? ¿Es solamente cantar y pasarla bueno? ¿Drogarse pero con moderación, golpear a una mujer pero sin llegar a matarla? Qué hipocresía.No se me ha olvidado el caso de Doris Adriana Niño, la mujer que fue sodomizada (¿diomedizada?) y que acabó con tanta cocaína introducida de manera violenta en su cuerpo, entre tantas otras cosas que no vale la pena relatar aquí, para luego de morir ser abandonada en una carretera a los 22 años. Hemos visto que “carne de ídolo” para las series nacionales tienen narcotraficantes, delincuentes, paramilitares, asesinos. Sin duda muchos de estos personajes resultan interesantes y algunas de estas series también. Pero una cosa es ver la “historia de sus vidas” y otra muy distinta es que un medio promueva una acción afirmativa hacia un personaje con un historial de violencia (especialmente contra la mujer) como el de Diomedes Díaz. “Diomedízate”, vuelvo a leer en la valla de enfrente, y siento como si me acabaran de dar un puñetazo en la cara.

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