Ray Barreto (I)

Diciembre 16, 2020 - 11:50 p. m. 2020-12-16 Por: Medardo Arias Satizábal

El próximo 15 de febrero se cumplirán 15 años del fallecimiento de Raymond Barreto Pagán, más conocido en el mundo del Latin Jazz neoyorquino como Ray Barreto.

Su deceso se produjo en Hackensack, New Jersey, y escribí entonces esta crónica para la prensa latina de Estados Unidos:

“Amanece, amanece, ya se escucha de los jilgueros la alegre diana/ amanece, amanece, y el rocío se va secando sobre la grama…”, cantaban los puertorriqueños recién llegados a Nueva York, los jíbaros, en las barriadas de Sur del Bronx y el Harlem Hispano, a mediados de los años 20.

En esos vecindarios, divididos sólo por un río, se estaba gestando ya, con estos cantos campesinos, la música que 45 años más tarde sería reconocida como ‘salsa’; ayudados por güiros, panderetas, tumbadoras y guitarras, los boricuas aprovechaban los días de fiesta, el tiempo que les dejaba su labor como mecánicos, panaderos, pintores de brocha gorda, electricistas, para cantar y bailar en veladas de cuota organizados, principalmente, para “pagar el arriendo” y los ‘biles’ (las cuenta de servicio) en esos apartamentos donde se oxidaban las escaleras de incendio y los pomos de las puertas. Pero, del infortunio, los ‘portorros’, unidos a algunos cubanos que ya vivían en la urbe, hacían música y buscaban trabajo también en las pocas bandas que permitían el ingreso de negros o mulatos. Uno de los pioneros de esos bailes de cuota, fue el cantante Pedro Ortiz Dávila, conocido como ‘Davilita’.

La segregación racial llevó al músico cubano Mario Bauza a crear una orquesta “sólo con negros”, para poder sobrevivir. Desde el Brooklyn obrero, venía hasta las calles duras del Sur del Bronx y Harlem, el joven Ray Barreto, ya desde temprana edad caracterizado por enormes gafas y unos pantalones que parecía haber heredado de un hermano bastante menor; los llevaba por encima del tobillo. Llegaba hasta los guateques con su aspecto de seminarista y rompía su natural timidez cuando empezaba a descargar sobre unas congas. Había crecido con la influencia de la radio de entonces -su nacimiento estaba radicado el 29 de abril de 1929 en Nueva York- y hubiera podido ser un personaje de la película ‘Radio Days’, de Woody Allen. “Creo que mi apego a la música vino de la tolerancia que tenía conmigo mi babysitter (niñera), diría después. Escuchaba a Duke Ellington todo el día, y cuando mi madre regresaba del trabajo, ya tarde, apagaba el radio y me hacía el dormido.
En esas audiciones, soñaba ser como Ellington, emular a Benny Goodman, ser libre como la trompeta de Louis Amstrong. Pero el instrumento que había elegido, las congas, eran para tocar música nativa, o para buscar algún ‘Jam Session’ en las barriadas negras de Nueva York”.

Cuando Barreto debe ir al ejército -fue enrolado en un batallón que partió hacia Alemania- corría el año de 1946, contaba 17 años y ya conocía la orquesta de Frank Grillo, ‘Machito’, quien tocaba con Graciela en El Morocco, La Conga o el Stork Club. Ser soldado en Alemania, tenía un antecedente ilustre entre puertorriqueños: el de Rafael Hernández, el compositor de ‘Lamento Borincano’, quien también había estado en ese país en 1917, enrolado en la orquesta del ejército estadounidense destacado en la Primera Guerra Mundial.

Al promediar los 40, la segregación racial era una realidad en los Estados Unidos. En el bar del Hotel Waldorf Astoria tocaba un cubano amanerado, amigo de relamidas africanías y del son llevado a un grado insoportable de sofisticación. Se llamaba Xavier Cugat y gustaba de ser aplaudido por inglesas aburridas en esas noches del Waldorf. Fue el mismo que rechazó la oferta del cantante de Coamo, Bobby Capó, cuando este le solicitó hacer parte de su orquesta; “no eres suficientemente blanco para hacer parte de esta banda”, le dijo Cugat.
Los años le harían justicia a Capó, compositor de ‘Piel canela’ y de una canción que ha sido traducida hasta en mandarín: ‘Llorando me dormí’.

Sigue en Twitter @cabomarzo

VER COMENTARIOS