Populorum Progressio

Junio 22, 2022 - 11:50 p. m. 2022-06-22 Por: Medardo Arias Satizábal

Escuché con suma atención el discurso del presidente electo, Gustavo Petro, de manera objetiva, despojada, y comprendí el lío grande en que está por cuenta de un manojo de promesas al que el país y el mundo estarán atentos, pendientes de su cumplimiento.

Es la primera vez, en 212 años de vida republicana, que el pueblo colombiano elige a un mandatario con el propósito específico de redimir asuntos por tantos años pendientes, como la educación, la salud, el techo, la alimentación, el cuidado ambiental. A todo Petro ha dicho que sí, además de comprometerse con una agenda continental que invita también a Estados Unidos al cuidado de la selva amazónica.

No obstante, y en aras de la seriedad, sin hacer concesiones a la demagogia, si Petro quiere ser el socialdemócrata que pretende -me acojo a su discurso de victoria- debe empezar a limar las asperezas de un sueño socialista hirsuto, el que precisamente le resta simpatía y causa incertidumbre en la otra Colombia que lo ve como un continuador de Chávez, de Fidel, de Ortega. Ese temor no es gratuito, pues delante del mundo está la ruina a la que han sido llevadas estas naciones, de la mano de un autoritarismo responsable del cierre de periódicos, canales de TV, radio, cárcel para opositores y disidentes.

Ni el mismo Petro cree que ya es el mandatario de los colombianos, y esto quizá le enseñe la robustez y majestad de nuestra democracia. Todos sus opositores políticos han salido cumplidamente a reconocer su triunfo y a desearle buen tiempo, como es de elemental cortesía.

Pero, como anotaba anteriormente, debe poner a treinta metros a los ‘estrategas’, a los mamertos adultos todavía intoxicados con la dictadura del proletariado, con el Manifiesto del Partido Comunista o el Origen de la Familia, la Propiedad Privada y el Estado. Estos no le hacen ningún bien a Colombia, como tampoco benefician a la economía los marxistas ortodoxos que desean cancelar la extracción petrolera, en un momento en que Colombia necesita más de estas divisas. Ni siquiera las naciones más prósperas piensan hoy en prescindir del petróleo y el carbón, cuando Rusia amenaza con cerrar del todo su tubería energética, algo que mataría de hipotermia a buena parte de Europa occidental en el próximo invierno.

Petro debe despojarse también de la impostura que le dictan hoy las comunidades negras e indígenas, mirar sus realidades sin el discurso impositivo -a veces violento- de quienes, como es el caso de los indígenas, poseen grandes extensiones de tierra fértil en el cercano Cauca, muchas de ellas improductivas. El asunto afro y de nuestros primitivos habitantes, requiere sí una política de inversión en todos los campos, pero sin esta puesta en escena que excluye a los mestizos, como si Colombia perteneciera solo a estas dos minorías. Alejar a los violentos que alzan bastones con banderas de color rojo y verde, a los negros y negras que se disfrazan de africanos para pedir derechos en tierra colombiana; a propósito, once mujeres haitianas acaban de morir en el Paso de La Mona, cerca a Puerto Rico. Naufragaron en busca de una mejor vida en Estados Unidos. Estos ruandeses de Puerto Rellena que se llaman así mismos “santeros” -la santería es una religión seria; “con los santos no se juega, y si se juega, ten cuidado…”- no han enviado una sola nota de solidaridad con sus hermanas de Haití, hoy dormidas en el Panteón Yoruba.

Entonces, Petro, por favor, no más babalaos falsos llamando al odio racial en Colombia, no más poetisas eróticas de quinto atril cantándole a la Madre Tierra. Cambie ese discurso; sea serio. No permita tampoco conductas vindicativas. Un ‘poetica’ ya senil, de su primera línea lírica, me envió una amenaza. A estos poetas retardatarios mándelos a viajar, para que vean el mundo y se alimenten mejor. Nómbrelos en consulados, embajadas.

Todo esto se lo digo porque Jaime Bateman Cayón, a quien usted conoció, está en la familia de mi abuela. Me llamó la atención eso que él llamó El Gran Sancocho Nacional, el que usted invocó, letra por letra, en su discurso, permeado además por frases como “amaos los unos a los otros…” ¿Es esto sincero? Amanecerá y veremos.

Lee contenido sin límites en elpais.com.co por $800 primer mes
VER COMENTARIOS