Pacífico en Israel

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Pacífico
en Israel

Noviembre 27, 2019 - 11:50 p. m. Por: Medardo Arias Satizábal

Omer Kringel hace parte de los músicos jóvenes, extranjeros, que anualmente pugnan por llegar a Cali a participar como espectadores en el Festival Petronio Álvarez. Desde Israel ha venido hasta aquí, enamorado de la música del Pacífico. Ya visitó Timbiquí y llevó una marimba hasta el Medio Oriente.

Este es su testimonio:

“Quiero decir inicialmente que hasta mis 17 años no sabía mucho del folclor del mundo, y en Israel, las músicas que me capturaban entonces la emoción y el entendimiento eran el jazz, el bossa nova, la samba, el calipso, el flamenco.

A mis veinte años, me obsesionó la salsa; me hice miembro de un grupo local, en el momento en que debí reemplazar a un músico, y en esa vía llegué a la música cubana, en la que empecé a ahondar.

Gracias a mi profesor Alon Yavnai, conocí rumba cubana, contradanzas, tango, folclor peruano y algo más. Fue cuando un grupo de amigos me llamó para conformar un grupo de música colombiana, de la cual sólo conocía salsa y cumbia. En la búsqueda de repertorio un amigo regresó de Colombia con música, y me dejó en las manos un ritmo que desconocía. De repente sentí que mi cuerpo empezó a moverse de una manera nueva, con unos acordes que me penetraban el corazón; era el percutir de la marimba, que me llegaba único, como un canto de Dios.

Recuerdo ahora que esta emoción me golpeó fuerte; no podía dejar de bailar solo, y empecé a preguntar “¿qué es, de dónde vino esta música?; quería escuchar más y más, y la respuesta llegó pronto: “¡Currulao, folclor del Pacífico colombiano!” Fue cuando supe, desde el primer momento, que tengo una conexión cósmica con esta música, como una especie de imán.

Conformamos una banda, ‘Los Omers’, muy exitosa, con un cantante y trombonista colombiano, además de seis israelitas. Además de salsa y cumbia, algo de vallenato y bullerengue, incluimos cuatro piezas del Pacífico Sur, entre ellas La Caderona, con los arreglos del Grupo Bahía.

Esta experiencia musical me hizo descubrir que en Israel existe una gran comunidad colombiana, un montón de caleños que acuden a nuestros conciertos, junto a la comunidad latina en general, residente aquí y muchos israelíes que gustan de esta música.

Seguí explorando, escuchando y tocando, pasando al piano la armonía de la marimba, de este hermoso folclor, pero no tenía duda que debía sentirlo en algún momento, de primera mano.

Fue así como en 2013 fui con mi esposa a Colombia. Desembarcamos en el Festival de San Pacho en Quibdó, en medio de una felicidad colectiva, de una locura contagiosa, de una cultura nueva para nosotros, con la simpatía de una gente muy especial. Nos quedamos en casa de una amiga, y luego fuimos a Medellín, Cali y el litoral del Pacífico.

En Colombia en general, pero sobre todo en Cali, hay un punto de conexión muy fuerte de la gente con la música; es una comunidad multiétnica, muy especial.

En un festival en Cali, encontramos por casualidad a un músico que se convirtió más tarde en un buen amigo: Juan Epifanio. Me contó que tocaba con el Grupo Bahía.

Fue una experiencia formativa y sencilla traer instrumentos del Pacífico, inicialmente en lancha, en carro, avión, y llegar finalmente a Israel sin contratiempos. En una oficina de correos en Cali, mirábamos la mejor manera de enviarlos. Junto a nosotros en la fila estaba un señor con apariencia de poeta, y no recuerdo ahora cómo empezamos a crear un diálogo. Le contábamos que estábamos ahí para enviar una marimba y varios instrumentos a Israel. Supimos que era un investigador de música, autor de varios libros. Nos refirió cómo había llevado hasta Nueva York una marimba, en compañía de su esposa, la etnomusicóloga canadiense Lise Waxer. Era Medardo Arias; desde ese momento estamos en contacto.

Al proyecto lo bautizamos “Okan”, palabra que traduce “Corazón” en lengua Yoruba. Ya grabamos parte en Colombia”.

Sigue en Twitter @cabomarzo

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