Mensaje del Dalai

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Mensaje del Dalai

Enero 08, 2020 - 11:50 p. m. Por: Medardo Arias Satizábal

Dado el bautizo de fuego que acaba de tener la presente década del 20, es menester atender a las sabias palabras del Dalai Lama, quien reafirma en sus reflexiones que “somos miembros de la misma familia humana”.

En entrevista dada a conocer hace varios años, expresó: “Nuestra buena hora momentánea puede ser también la última, en relación con la buena hora del otro. La mala voluntad y la discordia nos llevan a la destrucción mutua”.

Héroe de la no violencia, el Dalai Lama ha propugnado siempre por una vida basada en la verdad, y en lo que denomina “una conciencia pura”.

He aquí algunos de sus razonamientos: “Una política sin ideal espiritual perturba la sociedad. La política y la religión no son opuestas y complementan la vida del hombre de Estado. El dinero tiene un valor supremo que produce toda suerte de transgresiones y una actitud cínica ante la vida. El budismo tibetano puede ayudar a restablecer la paz del alma. Morir es como cambiar un vestido muy usado. Cuando el momento viene ya estamos familiarizados con la idea, y lo recibimos como una plegaria”.

Con respecto a la escalada del integrismo, manifestó:

“Yo lo atribuyo al fenómeno reciente del redescubrimiento de las religiones; hay excitación por la misma confusión entre religión e ideología política. La diferencia entre el catolicismo y el budismo está muy jerarquizada, comprende una multitud de grupos independientes, lo mismo que dentro del budismo tibetano. Todo el mundo está lejos de considerar que una autoridad incuestionable acepte otras religiones”.

Rabinos de Estados Unidos lo visitaron en Dharamsala. Al respecto opinó: “Fue una maravillosa experiencia. Yo encontré su experiencia mística muy cuidadosa y profunda. Transformó mucho mi concepción del judaísmo.”

Gracias a Thomas Merton y a la Madre Teresa de Calcuta, su comprensión del cristianismo se hizo latente. Merton, teólogo estadounidense, pasó la mayor parte de su vida en India, en el trabajo de lograr una síntesis entre el cristianismo y el pensamiento oriental. Perteneció a la Orden de San Bernardo y fue poeta y escritor. Su libro sobre Cristo fue un bestseller. Admirador de William Blake y de Joyce conoció a Pasternak y a Milosz, y era un experto en Foucault y en la obra de Elías Canetti.

Con respecto al ego, expresa: “Existen varias formas de ego; una de ellas responde a una altísima idea de sí mismo. Esta forma es extrema, genera molestia. La otra es un sentimiento fuerte que responde al orden del ‘yo puedo hacer’, ‘yo puedo tomar esta responsabilidad’. Este sentimiento de uno mismo es muy necesario. Es la base de la determinación humana, del coraje. Perder el sentimiento de fuerza de sí mismo, provoca desilusión, duda y odio. Insisto en la importancia de la compasión, del amor, no propiamente religioso, base de la naturaleza humana, clave de la vida y la felicidad. Inteligencia y corazón; ahí está la mejor combinación, el camino para la realización del hombre. Sin ser necesariamente creyente, se encuentra ahí la religión universal”.

Con respecto al odio y la envidia: “Los malos sentimientos, la cólera, la envidia y el orgullo destruyen la atmósfera positiva. Debemos cultivar cualidades de generosidad que pueden ser destruidas por nuestros enemigos, o por el enemigo que duerme dentro de nosotros mismos. La ignorancia, los apegos, deseos y odios son nuestros verdaderos enemigos”.

Con respecto al humor: “Uno puede ser recompensado al retomar los postulados del adversario para su propia ventaja, con el humor. Esta es la dialéctica de una forma popular de distracción entre los tibetanos poco educados”.

Diez científicos occidentales han sido sus profesores para entender la tecnología, la biología, y la astronomía, su favorita.

“Una bella sonrisa, una mirada generosa, son las más preciosas joyas”, concluyó.

Sigue en Twitter @cabomarzo

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