Honor a Machado

Honor a Machado

Febrero 27, 2019 - 11:50 p.m. Por: Medardo Arias Satizabal

“Caminante son tus huellas, el camino y nada más, caminante no hay camino, se hace camino al andar…”, escribió el poeta Antonio Machado a quien el presidente español Pedro Sánchez Pérez-Castejón acaba de honrar, en acto de perdón, en nombre de todos los españoles que salieron de la península en tiempos de la Guerra Civil.

Pude ver las imágenes, la ofrenda floral en la tumba de quien pergeñó un verso clásico que bien lo definía: “Al cabo nada os debo; debéisme cuanto he escrito. A mi trabajo acudo, con mi dinero pago, el traje que me cubre y la mansión que habito, el pan que me alimenta y el lecho en donde yago…”. Ahí está la última foto que se le hizo antes de abordar el tren que lo llevaría a Collioure, Francia, en compañía de su madre.

Manuel Machado, hermano del poeta, fue cultor de la copla popular y el desplante estético; todavía se le recuerda por su famosa frase, “que la vida se tome la pena de matarme, ya que yo me tomo la pena de vivir…”.

En el exilio, Machado padeció hambre y frío. Falleció el 22 de febrero de 1939; tres días después murió su madre Ana Ruiz. Vivió siempre de una manera espartana, como profesor de francés, también, en Castilla. Pude conocer ahí la sencilla casa que habitó.

Buena parte de su producción poética fue llevada al canto por Joan Manoel Serrat; una de las más populares tiene que ver con los versos de ‘Retrato’: “Mi infancia es un recuerdo de un patio de Sevilla y un huerto claro donde madura el limonero/ mi juventud veinte años en tierras de Castilla/ mi historia algunos casos que recordar no quiero…/ Ni un seductor Mañara ni un Bradomín he sido/ ya conocéis mi torpe aliño indumentario…”.

Pero quizá la melodía del cantor catalán alcanzó una de sus mayores cimas, cuando interpretó el Llanto de las Virtudes y Coplas por la muerte de don Guido, un sevillano, de mozo muy jaranero, muy galán y algo torero, a quien en el último minuto llevan a enterrar, envuelto en tosco sayal, las yertas manos en cruz. ¡Tan formal, el caballero andaluz…!
Poema que habla de esa alegre religión de muchos sevillanos; vino, tabaco y mujeres en el día, y en la noche marchan bajo un anda, enfundados en un capirote de penitentes. Como quien dice, a Dios rogando y con el mazo dando.

Alguna vez y con motivo del Festival Internacional de Arte de Cali, entrevisté al poeta Álvaro Mutis. Me llamó la atención ver en su mesa de hotel un ejemplar con la poesía completa de Antonio Machado: “Voy con él por el mundo”, me dijo y, aseguró, no pasaba un día de su vida sin leer un verso de Machado. Le disgustó un poco que le preguntara si Serrat había contribuido a popularizar su poesía. En su respuesta quiso decirme que Machado tenía luz propia y no requería las elegías melódicas del cantor de Poble Sec.

A propósito de Serrat, desde hace varios años Paco, el regente La Cava, al sur de la ciudad, organiza, en compañía de Gustavo Montoya en Tardes Caleñas de Rozo, las llamadas ‘Serratiadas’, donde se agrupan los seguidores del poeta catalán, los cultores de toda la poesía de la Generación del 27. En estos condumios brillan los versos que acumula Montoya en su memoria prodigiosa. Son veladas regadas con vino, abundante yantar, piano, música y artes declamatorias. No faltan ahí los versos de Dámaso Alonso, Luis Cernuda, Altolaguirre, Vicente Alexaindre, Jorge Guillén, Pedro Salinas, Rafael Alberti, y por supuesto Federico García Lorca.

Creo que ni siquiera en la propia España existe hoy un grupo como este, lo que hace declinar a quienes miran con menoscabo la actividad cultural de Cali. Ya Serrat sabe de la existencia de esta agrupación y promete venir en algún momento. Gustavo Montoya, en nombre de la asociación, le hizo llegar una obra del pintor Oveimar Sánchez, que recoge las aguas cristalinas del río Sabaletas y sus piedras pulidas al fondo, entre un paisaje de montaña y niebla fina.

Sigue en Twitter @cabomarzo

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