Habemus tranvía

Habemus tranvía

Agosto 14, 2019 - 11:50 p.m. Por: Medardo Arias Satizábal

“Santa Marta tiene tren, pero no tiene tranvía”, cantábamos a voz en cuello en el tren que nos llevaba desde la Estación de la Sabana en Bogotá hasta el mar Caribe. Éramos la clase del 74 del Colegio Pascual de Andagoya de Buenaventura, en viaje de grado, donación del ferrocarril del Pacífico.

Como la literatura suele parecerse muchas veces a la realidad, entramos de pronto por ese mismo túnel de rocas bermejas del que hablaba García Márquez, con la línea azul del océano al fondo.

Entendíamos que si no fuera por las olas, Santa Marta moriría, pero también el asunto de no tener tranvía se planteaba como algo que mucha falta le hacía a esa bella ciudad entonces de fiesta, a toda hora.

El motivo de la jarana tenía que ver con la visita diaria de ciudadanos venezolanos con sus familias. Llegaban a Santa Marta en unos autos que parecían yates y los parqueaban frente a los restaurantes con las colas hacia la calle, lo que obligaba a dar un largo rodeo para encontrar la acera. Los samarios los llamaban jocosamente “deme dos”, porque todo les parecía barato; el jugo de zapote y níspero, los seviches, las mochilas que bajaban los arhuacos de la sierra, los paseos por El Rodadero. En cada chiringuito de Santa Marta entonces había una fiesta. Los grupos vallenatos tenían trabajo de sobra y en el aire se confundían las notas que volaban del fuelle de los acordeoneros.

Sabemos ahora que Cali tendrá un tren-tranvía de cercanías en 2025, que movilizará entre 180.000 y 270.000 pasajeros diarios en la ciudad, Palmira, Jamundí y Yumbo. La propuesta, es de la firma francés Systra, la cual aprovecharía el viejo corredor férreo.

“Será una apuesta importante para mejorar la movilidad y la conectividad entre municipios. Tendremos mejores indicadores de calidad de vida y reduciremos la contaminación”, dice la gobernadora Dilian Francisca Toro.

La palabra ‘tranvía’ remite a un pasado romántico que algunas ciudades como Lisboa, San Francisco, Río de Janeiro, Milán y Estambul, mantienen vivo. Para los colombianos es inolvidable aquella foto del 9 de abril de 1948 en la que aparece un tranvía en llamas. Una de las primeras imágenes que tuvo el poeta Pablo Neruda cuando descendió del lluvioso Parral a Santiago, fue el rechiflar de los tranvías que echaban chispas al cambiar de riel en las esquinas. Ese Santiago que según el poeta, “olía a gas”, fue el que le inspiró ‘Crepusculario’, su primer poemario.

No se imagina la historia de San Francisco sin el tranvía que recorre sus once colinas, con unos bellísimos coches restaurados, traídos de Hiroshima, Moscú, Oporto y Hamburgo.

Cali ya tuvo tranvía; a cien años del Grito de Independencia, el 20 de julio de 1910, Belisario Zamorano inauguró el tranvía a vapor, lo cual se constituyó en una gran fiesta. La ceremonia se realizó en la carrera octava con calle 19. Salió de la plaza de mercado de El Calvario, pasó por Patio Bonito y El Crucero, siguió hacia El Troncal y entró pitando en Juanchito.

Tuvo un ramal que partía del Crucero -Carrera 8, calle 25-, pasaba por la estación del ferrocarril en la carrera tercera e iba hasta El Camellón Uribe en el sitio denominado El Circo, para desembocar en la calle 14 donde estaba la Estación Ermita.

En el texto ‘Historia de Cali en el Siglo XX’, Edgar Vásquez Benítez anota: “La recesión del transporte fluvial por el río Cauca determinó el cierre del tranvía y este tuvo que clausurarse en 1926”.

Hoy, no serán unos coches como el Taksim Tünel, el Tranvía Nostálgico de Estambul, ni el de Lisboa que recorre los barrios históricos del Chiado y la Alfama; o el de Milán que sale de la Piazza Castello y pasa por la iglesia de Santa María de la Gracia; tampoco el famoso ‘bondinho’ de Río, que va por encima de techos y azoteas hasta el bello vecindario de Santa Teresa, pero será nuestro tranvía. El que no tuvo Santa Marta.

Sigue en Twitter @cabomarzo

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