Grecia es eterna

Junio 15, 2022 - 11:50 p. m. 2022-06-15 Por: Medardo Arias Satizábal

Hace un tiempo, cuando se discutía la salida de Grecia de la Unión Europea, escribí esta columna que tiene vigencia hoy, cuando Colombia se acerca a definir su futuro. Grecia se salvó al recortar el gasto público, frenar la corrupción y diseñar un nuevo sistema de impuestos, con lo que pudo ahorrar en poco tiempo miles de millones de euros.
Decía con respecto a su crisis:

Si nos atenemos a la lógica y la verdad, esos dos pilares que desentrañó Grecia para fundar el pensamiento occidental, sabemos que la enorme deuda que hoy arrastra este pueblo, es material -y espiritualmente-, impagable. Once millones de griegos despiertan todos los días preocupados por tributarle a la ‘troika’ conformada por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI, la ‘bobadita’ de 324.000 millones de euros, mientras la UE les exige ‘mayores sacrificios’ y la pobreza campea.

El referéndum al que se ha convocado seguramente traerá el ‘no’ en su decisión final, lo que significa que Grecia quedará al margen de la comunidad europea y de la ‘zona euro’. La cesación de pagos es inminente, los bancos están ilíquidos, mientras la nación exhibe un índice del 30% en desempleo, envueltos todos en la maraña de gobiernos mesiánicos, lejanos de la estructura económica trazada por la UE en 1999.

Su historia delante de la ‘economía’, de la realpolitik, habría que resumirla en géneros lírico, épico y dramático. Grecia sobrevivirá y puede reeditar su dracma, las cabras seguirán pastando en Mikonos, Ikaria y Astipalea, alguien verá un fantasma semidesnudo en el alba de Atenas, con dos antorchas, “buscando a un hombre” -como otro día Diógenes-, el Partenón seguirá ahí y en las cocinas continuará ese tufillo de olivas con aceite y pulpo.

Es probable que nos acerquemos a la primera sociedad íntegra y autosuficiente donde el dinero y los bancos no signifiquen nada y los nuevos hombres puedan demostrar que es posible vivir sólo de amor, fraternidad y valores humanos. Si Grecia triunfa, el efecto dominó, en este caso bienhechor para el futuro de la humanidad, nos dirá que estamos en la alborada de un nuevo valor de cambio: el de la leche de cabra compartida y las huertas de todos, como quería Anaxágoras: “Todas las cosas participan de todo, mientras que la inteligencia es infinita y se gobierna a sí misma y no está mezclada con nada”.

El destino de Grecia es el de los poetas; ha cantado toda la vida, ha templado su laúd para que el resto de la raza humana viva mejor, pero hoy el pragmático dueño de casa la ha convertido en esclava, por ‘vaga, difusa e indisciplinada’. Así como Grecia nos enseñó a pensar, a elevar el espíritu con la poesía, a construir de manera preciosa, a soslayar otros mundos en el titilar de las estrellas, a representar la vida a través del drama y el teatro, a vivir mejor de acuerdo a la voluntad de las mayorías. Eso tan imperfecto y vigente, que llamamos democracia, vivirá sola, sin euros, con la solidaridad del mundo.

Desde el pasado, un hijo suyo, Tales de Mileto, repite: “La esperanza es el único bien común a todos los hombres; los que lo han perdido todo, la poseen aún”, mientras Aristóteles le contesta: “El único Estado estable es aquel en que todos los ciudadanos son iguales ante la ley.” No es necesario acudir a la física de Arquímedes, al Heliocentrismo de Aristarco o a los pensamientos de Praxíteles, para entender que lo que se discute es la supervivencia de un pueblo.

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