El torero y la Virgen

El torero y la Virgen

Enero 16, 2019 - 11:50 p.m. Por: Medardo Arias Satizabal

Fue uno de los tres primeros toreros de Colombia, junto a Joselillo y Pepe Cáceres, y acaba de celebrar sus 87 años el martes pasado, en plena y lucidez y con la memoria viva de un país que ya no existe.
Es Jesús Tenorio, quien se hizo torero después de ver siete veces la película ‘Ora Ponciano’, dedicada al matador mexicano Ponciano Díaz. Juan Rulfo y García Márquez lo vieron torear en México, en ese país donde florecían las pencas en el desierto y el aire se apuntaba a ser el más transparente, como quería Carlos Fuentes.

Acababa de culminar la primera mitad del Siglo XX y ya un escritor enjuto, serio, callado, se había permitido llevar a las letras esa atmósfera de los pueblos mágicos donde los vivos hablan con los muertos. Era Juan Rulfo, con su ‘Pedro Páramo’ y su ‘Llano en Llamas’, el mismo que cruzaba una bufanda en el cuello e iba a las plazas de toros a entretenerse en el Arte de Cúchares, invitado por el torero caleño Jesús Tenorio, quien fue conocido en los redondeles como ‘Chamaco’.

Recibió alternativa de manos de Manuel Capetillo en Guadalajara. Tenía 21 años. En los cafés donde se reunían poetas, periodistas, toreros y cuadrillas, entre el humo espeso de interminables conversaciones, conoció a Rulfo y lo invitó a sus corridas. García Márquez también fue a verlo torear en Puebla.

“Rulfo ya había publicado su historia del mítico Comala. En México se me acababa el dinero y estaba a punto de devolverme a Colombia cuando Félix Briones me invitó a visitar el templo de la Virgen de Guadalupe. Me arrodillé frente a ella y lloré de la emoción; conversé con ella y le conté los problemas que tenía. En el café Do Brasil me encontré con Luis Briones, hermano de Félix, quien me dijo:

‘No regreses a Colombia; mañana tengo una corrida en Irapuato y quiero que reemplaces a un torero que no puede asistir, porque recibió una cornada’. No lo podía a creer. Empezaba a obrarse el milagro de la virgen. Ya me habían puesto en el cartel, y no lo sabía. En ese debut no me pagarían, pero iba a dar lo mejor de sí, porque sabía que vendrían mejores tiempos. Me preguntó si tenía todo el alijo torero y le contesté afirmativamente. Corté tres orejas y salí aclamado. Ahí empezó mi buena racha, la misma que me permitió vivir cinco años en México”.

Tenorio exhibe el anillo de la Virgen de Guadalupe, el mismo que conserva con devoción. Es habitual del Café Gardel, en la Avenida Sexta, donde Alfonso López exhibe su foto junto a imágenes del cantor argentino.

Estudió en el Colegio San Vicente de don Víctor Muñoz, en la carrera 10 entre calles séptima y octava. Hijo de Carlos Tenorio Escobar y María Josefa Manrique. Su progenitora era hija del General Ulpiano Manrique, el primer gobernador que tuvo el Tolima Grande. Su abuelo era el propietario de la Hacienda San Rafael, hoy Ingenio María Luisa.

Cali era entonces una ciudad que apenas despertaba a la afición taurina. El mundo del toro estaba concentrado en Palmira, donde sí tenían plaza. De ahí era Nito Ortega, el primer torero que regresó a esta ciudad convertido en un héroe. Paseaba por Palmira en un coche convertible, acompañado por bellas mujeres. El primer torero de Cali fue Rafael García, ‘Caleñito’, de la familia de Armando Holguín Sarria, el abogado memorioso que acaba de fallecer en la ciudad.

Tenorio piensa que no ha existido un torero de mayor solemnidad y magisterio en el ruedo, como Manuel Laureano Rodríguez Sánchez, Manolete: “Era serio, estoico, un torero de verdad”, y en los tiempos que corren admira al peruano Roca Rey y al colombiano Luis Bolívar, a los que pudo ver en la pasada temporada de Cali.

“El valor no existe; en la vida usted hace lo que le gusta, tenga peligro o no”, sentencia finalmente. Él, que recibió dos cornadas en ese México donde el aire traía en las tardes acordes de guitarra.

Sigue en Twitter @cabomarzo

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