Édgar Álvarez

Escuchar este artículo

Édgar Álvarez

Mayo 01, 2019 - 11:50 p. m. Por: Medardo Arias Satizábal

Fue considerado en su momento, entre los 70 y 80, uno de los pintores más destacados de América Latina, por la limpieza de su trazo, su arte en el dibujo, y una inventiva que lo llevó a indagar la existencia desde una parodia moderna: las páginas de los periódicos.

Desde niño coleccionaba periódicos, sobre todo aquellos que anunciaban hechos trascendentales; llegada del Hombre a la Luna, visita del papa Pablo VI a Bogotá, mientras el país se expandía hacia la ciudades y en alguien como él crecía la nostalgia del campo, de la finca familiar donde conoció las guanábanas abiertas en la tierra, con sus delicado perfume, el canto de los pájaros en las mañanas, el aroma de las hierbas del campo.

Édgar Álvarez nació en Restrepo, Valle del Cauca, en medio de la vida campirana. Podría decirse que ‘nació pintor’. Su sensibilidad estuvo siempre orientada hacia el lienzo, los óleos, los lápices, los pinceles, y en esa pasión encontró mujeres con sombreros de verano y guantes que miraban absortas las páginas de los diarios, como en remolinos de celuloide; creó para sí mismo y para el mundo una estética pictórica moderna, emparentada con la escuela de los mejores ilustradores de Norteamérica y estimulada por el arte Pop. Édgar Álvarez hubiera podido incursionar en el ‘comic’, ilustrar historietas, hacer cine. Sólo que realizó lo que le dictaba su visión del mundo, la misma que persiste hasta nuestros días, no obstante la invidencia que lo acompaña desde hace varios años. Recientemente, la Secretaría de Cultura del departamento, dirigida por Consuelo Bravo, lo invitó a varios municipios del Valle dentro del programa ‘Cita con los Maestros’, y para sorpresa de quienes asistieron a sus conversatorios, Álvarez volvió a pintar, pues sabe de la naturaleza y el resplandor del color desde las certezas del tacto, el mismo que le permite ir con seguridad por su casa y encontrar cada cosa, como un mago.

Su obra se exhibió recientemente el Club Campestre de Cali, con la curaduría de Irina Rolön; también en la exposición colectiva ‘Semilla, Herencia y Color’, del Instituto Popular de Cultura, en la Biblioteca Departamental. Sus obras están hoy en las más exigentes colecciones del país y el exterior. Una de sus creaciones más representativas aparece junto a las obras de Enrique Grau y la de Fernell Franco, en el Club Colombia.

El haber pasado su adolescencia en el barrio Belalcázar de Cali es circunstancia que exhibe como una medalla; ahí, tempranamente, compartió con Éver Astudillo, Fernell Franco, el poeta nadaísta Elmo Valencia, también conocido como el Monje Loco: “Conocí a todos los bailarines de salsa”, recuerda ahora, él que se precia de tener una envidiable colección de música caribeña que suma más de 3000 discos.
Sus amigos a veces tienen dudas con respecto a alguna melodía y lo llaman para consultarle acerca de cantantes y compositores. Habla de sitios que desaparecieron en el turbión del tiempo, como ‘La Popala’ y ‘La Perfecta’. Como otros artistas de Cali, frecuentaba el ‘Séptimo Cielo’, el ‘Honka Monka’.

En sus inicios recibió un palmarés que lo catapultó en América Latina. Ganó la Bienal de Arte Joven y su nombre se llenó de prestigio. Reconocido en Sao Paulo, su obra fue exhibida con éxito en Bogotá y Medellín. Un jurado extranjero de la Bienal, aseguró que su viaje hasta Colombia para fallar en este importante evento, estaba justificado sólo por el asombro que le causó la obra de Édgar Álvarez.

Fue uno de los pocos pintores colombianos al que la temible crítica argentina Marta Traba saludó con grandes auspicios. Su obra ha sido admirada por igual en Puerto Rico, Tokio, París, Cracovia, Mónaco, Montevideo. En 1976 obtuvo el Primer Premio de la Bienal Americana organizada por La Tertulia, y diez años después, la distinción más alta en el certamen de grabado latinoamericano en San Juan.

Sigue en Twitter @cabomarzo

Conecta con la verdad. Suscríbete a elpais.com.co
VER COMENTARIOS